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Virus y recuerdo

OPINIÓNACTUALIZADA 30/03/2020 A LAS 02:00
Hospital de campaña en Ifema, Madrid.
Hospital de campaña en Ifema, Madrid.
Efe

Parecía imposible pero el coronavirus aceleró más el mundo. Y así obedece la obligación a futuro, cuando el Covid-19 aún exista pero nuestro sistema sanitario se relaje, de recordar las infamias, vergüenzas, errores y virtudes que acontecen en estos días borrosos. Y es por eso que, de sobrevivirlo, yo no me voy a olvidar de que un país primermundista como España dejó a sus médicos, enfermeras, auxiliares... abandonados a contagiarse de la enfermedad. Un país que unos meses antes hablaba a lo grande, y que casi de un día para otro tuvo que tirar de solidaridad para fabricar mascarillas y protectores mientras personal en primera línea se fabricaba ropa de trabajo con bolsas de basura. Un país que tira de solidaridad y sacrificio porque estas dos palabras se dejan a su suerte en una planificación que obedece a un mundo que se cree en un presente y futuro invencibles.

Tampoco me voy a olvidar de los muertos apilados en los hospitales de Madrid, de la falta de humanidad de algunas residencias, ni de esa caterva de despreciables incapaces de ser ciudadanos, que preferían pasear con tretas a respetar el bien común. Porque el ejercicio solidario de este tiempo era, más allá de agobios y tedio, algo tan sencillo como quedarse en casa. Casas que no se refugian de bombas. Casas que tienen supermercados abastecidos a unos metros. Casas con Netflix, HBO, Youtube y calefacción. Y luz. Y agua corriente.

Tampoco pienso olvidarme de los que apenas aguantaron una semana sin hacer política y que ya se están preparando para lanzarse a los muertos. Los que acolchan la cama para manipular a las víctimas que se despidieron de sus seres queridos sin despedirse. Ni de los que arriesgaron vidas por mantener concentraciones de rédito económico o político. Ni de los que se han hecho un curso exprés de epidemiología para alertar, difundir y leer mal ciertos datos e investigaciones. Ni de los que dudan sin base, y piden dimisiones y lo hacen por interés en lugar de porque les ha vencido el miedo.

Tampoco me voy a olvidar de la columna que escribí en estas páginas menospreciando al coronavirus, llamándole gripe, cuando ni tenía ni tengo idea de virus, ni de curvas epidémicas, ni de decir adiós a demasiados muertos. Quizá España saldrá reforzada si aprende a decir ‘lo siento’.

@juanmaefe

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