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Malas lenguas

OPINIÓNACTUALIZADA 30/03/2020 A LAS 02:00
La escultura 'El gato', de Fernando Botero, en la Rambla del Raval de Barcelona.
La escultura 'El gato', de Fernando Botero, en la Rambla del Raval de Barcelona.
Quique García / Efe

Los bulos que circulan en las redes sociales y en cierta prensa me evocan la canción ‘I Heard It Through the Grapevine’. Escrita por Norman Whitfield y Barrett Strong, firmas señeras de la discográfica estadounidense afroamericana Motown, fue popularizada hace medio siglo por Marvin Gaye y por el grupo Credence Clearwater Revival. Hace quince años, Santiago y Luis Auserón hicieron una versión titulada ‘Las malas lenguas’. La letra, la melodía y la cadencia de la canción expresan el dolor que siente un hombre ante el rumor de que su amada lo va a abandonar por otro.

Según la etología, la antropología, la psicología y demás ciencias del comportamiento, el cotilleo crea vínculos entre los individuos, informa al grupo y lo protege de peligros. De ahí que una pandemia provocada por un virus que se agazapa muy bien esté generando mil rumores, especialmente en un ámbito globalizado y digitalizado. Proliferan advertencias y experiencias que, aunque no siempre lo logren, tratan de ser útiles.

Incluso la maledicencia es aprovechable. Incentiva la alerta y estimula el intelecto. Así, enfrentado a la imagen mental de la amada en brazos de otro, el protagonista de la canción aludida tendrá que aguzar el ingenio para discernir la verdad y siempre podrá refugiarse en el humor. Por eso, me parece oportuno fijarme en este benéfico fin social de los bulos perversos, en lugar de ver la inquina y las otras miserias que les dan vida. Además, a veces son bien estrambóticos y divertidos. Como el que dice que las autoridades lo sabían todo y tendrían que haber suspendido la Navidad.

jusoz@unizar.es

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