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Opinión
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la rotonda

Lo que permanece lo fundan los poetas

Por
  • Alberto Castrillo-Ferrer
OPINIÓNACTUALIZADA 29/03/2020 A LAS 03:00
Las butacas del Teatro Principal se están llenando estos días para ver la obra 'Sálvese quien pueda', de los actores de 'Oregón Televisión?
El Teatro Principal.
Guillermo Mestre

Venezuela. Pausa dramática. Bueno, pues ya está, ¡ya lo he dicho! Entiendo que si el respetado lector de este artículo sigue posando los ojos sobre mis palabras es porque la curiosidad retiene el ímpetu de desairarme girando ampulosamente la hoja del periódico –o deslizando con el dedo corazón a modo de peineta la pantalla electrónica– cuando comience a narrar la anécdota que da origen a mi reflexión y que, sí, fue allí, me pasó en el citado país. (No voy a mentarlo de nuevo, tampoco es cuestión de provocar…).

En Julio del 2007, participé en el III Festival de Monólogos de Caracas, allí tuve el honor de conocer a una de las figuras más relevantes del mundo musical y social mundial: el maestro José Antonio Abreu (Premio Príncipe de Asturias 2008 entre otros cientos de galardones). Pudimos charlar sobre el proyecto que se mantiene desde su creación en el año 1975 (repito: 1975) cuando fundó y dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, red de orquestas y coros que involucra a cerca de 1.000.000 de jóvenes músicos (repito: un millón), casi todos ellos rescatados de la miseria de las favelas y reinsertados por medio de la música a la sociedad. Un proyecto sencillamente fabuloso.

En el año 2007 los recortes en Cultura en España habían sido despiadados. Puedo decir que pagamos justos por pecadores, o todos fuimos pecadores por omisión, quizá por haber permitido que se crearan grandes monstruos en la época de vacas gordas, quizá porque cada pueblo de más de 3.000 habitantes quería que viniesen la Pantoja o Julio Iglesias a cantar bajo el balcón de su casa o quizá porque la cultura se cobijó no a la sombra de un buen árbol sino de una mala burbuja. El caso es que, entre los miles de preguntas que podría haberle hecho al insigne maestro, la que me pareció oportuna viniendo de donde venía fue: ¿Y en todos estos años no ha habido recortes? Qué absurdo, con la de cosas interesantes que me puede contar este señor y yo le hago la pregunta del contable… Y sin embargo fue proverbial, su contestación trascendió los límites de una mera explicación económica, y pasó a ser filosofía pura, una lección de vida: "No ha habido recortes, porque no dependemos del Ministerio de Cultura, sino del Ministerio de la Salud".

¡Pum! ¡Exacto! ¡Eso es! Recuerdo que durante aquella crisis, en España se repetía el mantra "claro, ¿cómo no va a haber recortes en Cultura si los hay en Sanidad?". ¿Y si no está tan claro? ¿Y si es lo mismo? ¿Y si cultura, educación y sanidad propiamente dichas fueran un solo ministerio? (repito: un solo ministerio). Cultura es salud, Educación es salud, que nadie lo dude. Entendámonos, claro que hay jerarquía en la urgencia o en la gravedad, va antes una operación que un resfriado, y curarse una herida antes que leer un libro o escuchar a Bach, pero todos hemos sentido claras mejorías físicas tras experiencias artísticas. De nuevo me sentía víctima del divide y vencerás.

Nuccio Ordine, en su manifiesto ‘La inutilidad de lo inútil’, nos aclara: "En el universo del utilitarismo vale más un martillo que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio y cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte…", ¡y sin embargo eso es propiamente la vida! Lo estamos viendo estos días, los enfermos necesitan atención sanitaria, los sanos necesitamos arte y cultura. Son necesidades del mismo orden. Ahora toca aplaudir a los sanitarios que nos cuidan el cuerpo, espero que más pronto que tarde ellos puedan disfrutar aplaudiendo a los artistas. Les cuidaremos el alma con la misma devoción.  

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