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Opinión

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Somos parias

Por
  • José Luis Ledesma
ACTUALIZADA 28/03/2020 A LAS 02:00
El espacio de Fira de Barcelona habilitado para personas sin hogar durante el confinamiento por el coronavirusDAVID ZORRAKINO-EUROPA PRESS25/03/2020 [[[EP]]] El espacio de Fira de Barcelona habilitado para personas sin hogar durante el confinamiento por el coronavirus
El espacio de Fira de Barcelona habilitado para personas sin hogar durante el confinamiento por el coronavirus.
David Zorrakino / Europa Press

Hoy todas y todos somos parias de la tierra. Somos pobres, no podemos ir a restaurantes ni comprar lo que no sea comida y poco más. Como las personas con alguna discapacidad, nos es imposible practicar deporte, pasear o ir a un concierto. Somos enfermos graves y apestados, mirando el mundo tras los cristales de casa y sin poder tocar a nadie. Nos sentimos migrantes venidos de lejos, separados de nuestra gente. Y, como los que carecen de papeles y no pueden regresar a sus países, no podemos ir a ver a nuestros familiares ni en su lecho de muerte.

Somos refugiados; no estamos en campos con alambradas, pero nos cierran las fronteras y no se nos quiere en ningún otro país. Como si fuera una dictadura, vivimos bajo un régimen de excepción, con la movilidad limitada y los teatros y museos cerrados. Somos presos: nuestras ventanas no tienen rejas, pero contamos los días que faltan para salir y envidiamos a los pájaros que vemos volar libres sobre los tejados. Vivimos con la angustia que tan bien conocen en el Sur global, acribillados por una emergencia sanitaria y rezando para que haya una vacuna. Y estamos en guerra, con el terrible parte diario de nuevas víctimas, el traslado de cadáveres en vehículos militares y la viscosa proximidad de la muerte.

Hace quince días habría parecido el guion de una mala película de sobremesa, pero hoy estamos probando en nuestras carnes lo que es vivir en precario y con el miedo pegado al alma. Vivíamos en una burbuja que nos aislaba de quienes viven así siempre. Pero la burbuja se ha roto y nos muestra lo que hay fuera. Nuestro encierro lo pasamos calentitos en el sofá y con comida, medicinas y dispositivos electrónicos. Sin embargo nos arroja a la cara nuestra vulnerabilidad y la suicida soberbia con la que explotamos el planeta y a nuestros semejantes, y nos recuerda que esta situación es el cruel día a día de un sinfín de seres humanos.

Un día la crisis del Covid-19 acabará y es lógico que queramos retornar cuanto antes a la normalidad. Pero ojalá no olvidemos entonces a los parias del mundo para quienes no hay una normalidad a la que regresar, o solo una despiadada e inhabitable. De otro modo, tanto dolor no habrá servido para nada.

José Luis Ledesma es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

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