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Opinión

la rotonda

Gracias a los que nos cuidan

ACTUALIZADA 27/03/2020 A LAS 02:00
Los taxistas de Zaragoza hacen su particular homenaje a los sanitarios
Los taxistas de Zaragoza hacen su particular homenaje a los sanitarios.
José Miguel Marco

Cuando hace quince días lamentaba en este mismo espacio cómo el mundo barato que hemos construido al calor de la globalización se estaba tomando su venganza, aún no estábamos en estado de alarma. En España teníamos 3.100 contagiados y 84 muertes. Hoy, los muertos superan los 4.000 y los contagiados diagnosticados, los 56.000. Y en el mundo, 2.600 millones de personas, un tercio de la humanidad, vivimos confinados. Quince días en los que la vida ha dado un vuelco y han emergido los agujeros de la gobernanza global, europea y nacional.

Desde luego, es ya clamoroso que debemos cambiar nuestro mix productivo, para evitar ser por siempre víctimas de monopolios, egoísmos y desigualdades. Y mejorar nuestro orden de prioridades y aspiraciones. Que España esté entre las líderes mundiales en víctimas no puede ser solo mala suerte…

Como exigirá una reflexión la gestión de la pandemia. Ante el drama de las residencias, aunque no debemos confundirlas con hospitales, es obvio que el control se queda corto. Mención aparte merece que, de los contagiados, el 12% sea el personal sanitario. Nuestros aplausos les dan calor, pero lo que necesitan son condiciones seguras y no esta escasez escandalosa de medios.

Ya sabemos que la gestión de una crisis como esta es muy difícil y que, muy probablemente, se llevará al Gobierno por delante, como le ocurrió a José María Aznar con los atentados del 11 de marzo de 2004 o a José Luis Rodríguez Zapatero con la crisis de 2008. Son realidades tan sobrecogedoras que no perdonan a quienes gobiernan si tras dejarles las riendas, y pagarles, para que nos protejan no lo hacen. La oposición tiene la suerte de eso, de estar en la oposición.

En medio de tantas dificultades, resultó casi cínica la interrupción del pleno del Congreso que prorrogaba el estado de alarma para aplaudir a los sanitarios, con miembros del Gobierno quebrantando la cuarentena. Aplaudir lo hacemos los españoles porque es lo que tenemos en nuestras manos, además de cumplir las instrucciones para no complicar más las cosas ni dar trabajo a las fuerzas de seguridad.

Entre tanta incertidumbre, la luz la ponen los profesionales que nos cuidan. Por supuesto, los sanitarios. También, las fuerzas de seguridad. Por supuesto, agricultores y ganaderos, tantas cajeras, reponedores y transportistas que abastecen nuestras despensas, o los bancarios que permanecen en sus puestos para que los abuelos cobren su pensión y los demás las nóminas.

Respecto a los sanitarios, causa perplejidad que registren el porcentaje de contagios más alto de todos los países afectados por el Covid-19. El Colegio de Médicos de Zaragoza ha obtenido apartamentos para alojar sanitarios, pero aún esperan respuesta para acoger a los 155 que ya están contagiados. Centenar y medio de profesionales, necesarísimos, que después de darlo todo pueden contagiar a sus familias. Hace ya una semana que varios hoteleros aragoneses ofrecían sus establecimientos. ¿A qué se espera?

En este dramático contexto, crece la confianza en los medios de comunicación. En una situación de peligro real, los lectores buscan información fiable, no desahogos ni ‘fakes’ de las redes. Un sector, desde el periodista al quiosquero, que merece nuestro aplauso en una coyuntura en la que la publicidad se ha esfumado.

Este reconocimiento y necesidad de buenos profesionales en todos los ámbitos es un rayo de esperanza y una oportunidad de dar carpetazo a tanto mago del ‘power-point’ y el resultadismo.

Profesionales como nuestro querido Carlos Moncín, que nos acaba de dejar. Carlos ha sido uno de los mejores fotógrafos de prensa de Aragón, con el que tantos compañeros de HERALDO tuvimos la suerte de vivir jornadas del mejor periodismo. Cubrir con él una ‘capea’, como llamaba a las salidas, aseguraba que, al menos, la imagen sería buena: había que esforzarse para poner la letra a la altura. Ahora, nos quedan sus fotos y su legado de gran profesional. Hemos sido unos afortunados por haber compartido con él trabajo, complicidad y amistad.

Ánimo y gracias a todos los grandes profesionales que nos cuidan y nos ayudan a conllevar esta difícil situación. 

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