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Opinión

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El ocio, asegurado, pero... ¿y la cultura?

ACTUALIZADA 23/03/2020 A LAS 14:17
Paco Paricio, durante la actuación en directo que han ofrecido los Titiriteros de Binéfar en sus redes sociales.
Paco Paricio, durante una actuación en directo que han ofrecido los Titiriteros de Binéfar en sus redes sociales.
Heraldo.es

Las industrias culturales españolas, salvo contadísimas excepciones, se han caracterizado por su fragilidad, llamativa en el contexto europeo, donde son más los países que han entendido el carácter estratégico de estos trabajadores y actúan en consecuencia, respaldándolos desde lo público. Aquí han llegado al desastroso momento actual todavía muy tocadas desde la anterior gran crisis, la de 2008, y la parálisis y los confinamientos están resultando devastadores para la mayor parte de ellas. Ocurre, paradójicamente, cuando se visualiza bien cuán necesarias son para mantener la conciencia y el ánimo colectivos; cuando con la pandemia del Covid-19 se está disparando el consumo de audiovisuales y aumenta también algo el de música o la lectura.

¿Dónde va el dinero? Los gigantes multinacionales que trabajan con contenidos y han nacido en red (Google, Amazon, Facebook, Netflix, HBO o, desde ahora también en España, Disney Plus, o Spotify…) siguen ganando terreno en estas semanas de virtualización, campo de pruebas para lo que nos traerán las próximas décadas. Al tiempo, según van avanzando los días, se achican las opciones de supervivencia de esos mayoritariamente bienintencionados escritores, actores, cineastas, músicos, dibujantes de cómic, más algunos archivos y museos, editoriales o discográficas, que están liberando sus propiedades en internet, intentando que se les escuche algo entre el atronador ruido de datos en circulación.

Si no hay conciencia ciudadana y una intervención decidida de las administraciones, de esta solo van a salir indemnes las plataformas. Con ellas seguiremos teniendo asegurado el ocio casero, pero no la cultura, que es mucho más, que se construye también en la calle, necesariamente con pluralidad de voces, e implica, además, el discutirlo todo y ser incómodos.

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