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Opinión

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La mascarilla en los ojos

ACTUALIZADA 13/03/2020 A LAS 02:00
Una viajera con mascarilla, en el aeropuerto de Pekín
Una viajera con mascarilla, en el aeropuerto de Pekín
AFP

Hemos tardado en asimilar que la enfermedad del Covid-19 se propaga con mayor facilidad que las que causan los seis coronavirus que le precedieron, porque incluso las personas casi asintomáticas son capaces de transmitirlo.

Hemos tardado demasiado a comprender que el problema no es subestimar el riesgo de contraer el Covid-19, sino el de estar contribuyendo, sin saberlo, a propagar una pandemia que puede colapsar los servicios de salud.

Hemos perdido un tiempo preciado mirando para otro lado cuando los hechos nos gritaban desde China y Corea del Sur que era necesario tomar medidas drásticas para evitar el mal mucho mayor.

Hemos señalado a Italia como responsable de nuestra entrada de enfermos sin que algunos anularan su agenda aunque incluyera viajes a Lombardía.

Hemos visto cómo se han clausurado las clases en Madrid y buena parte de los universitarios del resto de España que estudian en la capital, lejos de autoaislarse para evitar expandir la enfermedad, lo han celebrado volviendo a sus casas en Galicia, Extremadura o Aragón.

Hemos actuado como si, por ser europeos, lleváramos un escudo anticoronavirus instalado de serie en nuestro organismo.

Hemos puesto a prueba el termómetro del egoísmo social y del oportunismo político y el resultado está a la vista.

Nos pusimos la mascarilla en los ojos pensando que así nada alteraría nuestra confortable vida. Ojalá estemos a tiempo de quitárnosla y reconducir la situación con responsabilidad.    

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