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Opinión

en nombre propio

Desarrollo rural

Por
  • Vicente Pinilla
OPINIÓNACTUALIZADA 07/03/2020 A LAS 02:00
Parque fotovoltaico
Parque fotovoltaico
H.A.

Frente al cambio climático, la transición energética es una necesidad ineludible. Esta puede tener efectos muy variados. Las energías renovables ponen en valor los territorios con unas condiciones adecuadas. El medio rural aragonés ve así cómo sus recursos naturales se convierten en un imán para la inversión de las empresas del sector. Por ello, se debe conseguir que la transición sea una oportunidad para su desarrollo y fijación de población y no una ocasión perdida. Estos temores no son infundados. A principios del siglo XX, con la hidroelectricidad también surgieron nuevas oportunidades. Sin embargo, su explotación, salvo excepciones notables, no implicó que se convirtiera en su motor de desarrollo. El principal beneficio fue para núcleos como Sabiñánigo o Monzón que, aprovechando su cercanía a los saltos, desarrollaron actividades industriales intensivas en energía. La unificación de las tarifas eléctricas en 1952 cerró el atractivo para la industria de situarse cerca del suministro, y el mantenimiento de las centrales ha generado muy escasos puestos de trabajo. Aprovechar las nuevas oportunidades implica que, más allá de la construcción de parques eólicos o solares, se generen puestos de trabajo permanentes. Que las empresas paguen impuestos locales que favorezcan a los municipios y comarcas donde se instalen, y no solo a los propietarios de los terrenos, y que estas construcciones no dañen actividades ya pujantes, como sería el caso de la construcción de parques que maten la riqueza paisajística, que es vital para el turismo rural. Unos precios de la energía sensiblemente menores, cerca de los parques, favorecería su desarrollo.

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