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Opinión

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La mesa y la pérdida de control

ACTUALIZADA 01/03/2020 A LAS 02:00
Sánchez y Torra en la primera reunión de la mesa de diálogo sobre Cataluña
Sánchez y Torra en la primera reunión de la mesa de diálogo sobre Cataluña
Agencias

Pedro Sánchez cabalga desde hace un tiempo sobre las palabras como un prestidigitador. Las enseña, las oculta, las revuelve, pero el mensaje funciona y los españoles lo compran. Sin embargo, la temeridad de su apuesta para conseguir la investidura bajo el trágala de una mesa de diálogo sobre Cataluña paralela e independiente de la labor política de las Cortes, atesora el recorrido que desee el independentismo. Ni un minuto más. Terminará no cuando se logre un acuerdo imposible que jamás se alcanzará sino cuando Torra o su sucesor decidan qué quieren hacer con su nuevo vehículo de márquetin en función de los intereses y resultados electorales. Tras ello, habrá quedado una arriesgada aventura que busca recuperar unos supuestos lazos afectivos dinamitados como si los catalanes hubieran sido expulsados de una convivencia que solo tensaron y rompieron quienes decidieron una incomprensible e ilegal vía unilateral. En ese contexto, la escenografía de la primera reunión mostró un afectado y sobredimensionado recibimiento a una delegación que se coló en Moncloa con los lazos amarillos bien anclados en la solapa. La abierta sonrisa de Torra, inhabilitado por el Supremo, mostraba la satisfacción de quien había logrado su objetivo: allí no se sabía muy bien quién era el presidente y quién el ‘president’.

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