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Opinión

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Cazadora de pana

Por
  • Julio José Ordovás
ACTUALIZADA 26/02/2020 A LAS 02:00
Desde 1977, la historia de la democracia en España ha vivido varios procesos electorales: la victoria de Adolfo Suárez, en 1977; el triunfo socialista de Felipe González, en 1982; el gobierno Aznar, en 1996; y el ascenso a la presidencia de Zapatero, en 2004.
Felipe González con su chaqueta de pana.
ARCHIVO HERALDO

La democracia y yo dimos los primeros pasos y emitimos los primeros balbuceos casi al unísono. La democracia era una criatura muy frágil, con tendencia a acatarrarse y a lastimarse, por lo que había que abrigarla y vacunarla y alimentarla bien y protegerla de todos los males que la acechaban. Felipe González la comparaba con un vehículo, tal vez con un SEAT 127 de color botella de butano como el que se compró mi tío Manolo cuando entró a trabajar en la Caja de Ahorros. "Al vehículo del progreso solo se le conoce una dirección: hacia adelante, hacia la modernidad y la justicia", decía Felipe en la tele.

El mismo año que yo tuve el sarampión, Tejero y su banda asaltaron el Congreso de los Diputados. Aquel 23 de febrero mi padre adelantó la hora de la cena y a las ocho nos mandó a todos a la cama, como si a la mañana siguiente, cuando nos despertáramos, las cosas fueran a volver por sí solas a la normalidad.

Mi padre también se ponía la cazadora de pana cuando iba a cazar pájaros de noche por los olivares. Él iba con la escopeta de perdigones y yo le acompañaba con una linterna. Los pájaros se quedaban paralizados cuando yo los deslumbraba con el foco de luz y así mi padre podía matarlos con facilidad. Luego mi padre metía los pájaros muertos en un saco de tela y mi madre, al día siguiente, se encargaba de desplumarlos y guisarlos.

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