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Opinión

la columna

El retrato de Sofonisba

ACTUALIZADA 13/02/2020 A LAS 02:00
Fachada del Museo del Prado.
Fachada del Museo del Prado.
Javier Pardos / HERALDO

En marzo de 2020, el Museo del Prado culminará los actos organizados con motivo de su bicentenario. En estos meses, dos de las exposiciones destacadas han tenido como protagonistas a Goya, un artista conocido mundialmente, y a una pintora desconocida para el gran público: la italiana Sofonisba Anguissola (1535-1625). De las paredes de la impresionante pinacoteca, solo cuelgan permanentemente las obras de tres mujeres. Una de ellas es Sofonisba, a cuyo padre, Amilcare Anguissola (1494-1573) debemos el impulso que convirtió a su hija Sofonisba en una pintora enormemente reputada en su época. De ella dijo el historiador del arte Giorgio Vasari que hizo "cosas extraordinarias y bellísimas en pintura". Como sus hermanas –Anna María, Lucía, Minerva y Europa–, tuvo una extraordinaria formación que la llevó a convertirse en dama de compañía de Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II.

En 1609, un libro editado por el valenciano Pedro Pablo de Ribera recogía las ‘Glorias inmortales y heroicas hazañas de 845 mujeres’. Una de ellas era Sofonisba, que cultivó su arte hasta el final y llegó lúcida y activa hasta rebasados los noventa años. En Palermo, donde pasó sus últimos años de vida, la visitó Van Dyck, que escuchó sus consejos y le hizo un retrato. Sofonisba le pidió lo que hoy sería un retoque de ‘photoshop’, es decir, que no reflejara sus arrugas. Van Dyck, en efecto, las suavizó, pero no ocultó la inteligencia y la sabiduría que la hicieron brillar en su época, y que hoy renacen para nosotros, muchos años después.

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