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Opinión

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Derecho al pataleo

ACTUALIZADA 13/02/2020 A LAS 02:00
Pedro Sánchez y Javier Lambán
Pedro Sánchez y Javier Lambán
EFE

Pedro Sánchez se comprometió hace un mes a liderar una coalición con varias voces y una misma palabra, la suya, y lo ha conseguido. Aquella izquierda radical que conquistó la calle, y que casi la perdió (de 71 a 35 escaños en tres años), se diluye en el Gobierno sin hacer ruido para no alterar el dulce sueño de quien rige con mano firme el país y con mano dura su partido.

Acostumbrados como estábamos a vivir en un permanente bloqueo institucional, el vertiginoso ritmo actual hace pensar que en lugar de 31 días ha pasado casi un año. A Sánchez le ha dado tiempo de provocar una rebelión autonómica por querer ahorrarse 2.500 millones del IVA_de 2017; a relajar la senda de déficit mientras eleva el techo de gasto (127.609 millones) en un ejercicio de prestidigitación contable; a subir las pensiones, el salario mínimo, los sueldos a los funcionarios; a visitar en Barcelona a Quim Torra. Y hasta a viajar a Teruel, un oasis en ese Aragón ingrato que ni se merece ministros ni apenas altos cargos.

Como hizo Ferraz al tumbar la propuesta regional para las listas del 28-A, Sánchez premia a sus afines y castiga a los díscolos. Es su manera de dejar claro quién está al mando. Pero solo en España. En Aragón es Lambán quien maneja los hilos y no renuncia a su derecho al pataleo. Porque en el PSOE_hay varias voces y varias palabras.

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