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Opinión

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El consenso como brújula

ACTUALIZADA 04/02/2020 A LAS 02:00
Felipe VI inaugura la legislatura
Felipe VI inaugura la legislatura.
EFE

Olvidamos muy pronto incluso lo que hicieron nuestros padres. Lo definió el historiador Eric Hobsbawn: la destrucción de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia de cada individuo con las generaciones anteriores es uno de los fenómenos más característicos y extraños de nuestra época. Un claro ejemplo de esta tendencia es la historia del constitucionalismo español. Después de cuatro décadas de la Carta Magna de 1978, buena parte de la ciudadanía ha disfrutado de una democracia en toda o casi toda su vida consciente. Y pareciera, pues, que siempre haya habido un sistema de libertades en España. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: la inestabilidad ha sido la pauta dominante de nuestro devenir constitucional. Durante casi dos siglos, desde la primera Constitución (Cádiz, 1812) hasta la de 1978, no se supo arbitrar unas reglas de juego por todos respetadas porque fuesen respetables.

Han sido al menos ocho textos constitucionales (1812, 1834, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931 y 1978), además de otros no promulgados, proyectos frustrados y periodos de interrupción constitucional. Y una de las claves de esta inestabilidad es que las del siglo XIX fueron Constituciones de partido porque no había una tradición de pacto, ni flexibilidad, ni sentido histórico. Pero esta arraigada seña de identidad de la política española fue sustituida por el consenso tras la muerte de Franco. Todos cedieron hasta pactar una Ley Fundamental con la que el país se ha modernizado como ningún otro Estado europeo en el último medio siglo. Por eso es muy oportuno ese llamamiento del Rey, en su discurso de apertura de la XIV Legislatura, a recuperar el espíritu del consenso: "España no puede ser de unos contra otros".

En tiempos más complejos que los de hoy, España se convirtió en modelo de cómo pasar pacíficamente de una autocracia a una democracia y de cómo convertirse en uno de los quince países más desarrollados del planeta. Fue un éxito colectivo de la anterior generación de españoles que la actual debería tener muy presente como brújula y mapa. 

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