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Opinión

la firma

Teruel, asignatura pendiente

Por
  • Francisco Bono Ríos
ACTUALIZADA 01/02/2020 A LAS 02:00
Torre mudéjar de Teruel.
Torre mudéjar de Teruel.
J. Escudero

Ahora que Teruel está ocupando un espacio inédito en la actualidad nacional, se cumplen precisamente veinte años de la publicación de un estudio realizado por un grupo de técnicos de la OCDE, con la colaboración y patrocinio del Servicio de Estudios de Ibercaja, titulado ‘Examen Territorial de la OCDE. Teruel, una región rural’. El recuerdo de aquel proyecto, en el que tuve la ocasión de participar, me ha llevado a efectuar algunas comparaciones entre las conclusiones del mismo y la situación actual de la provincia.

De entrada, la OCDE calificaba a Teruel –según su propia terminología- como "ejemplo típico de área rural remota con baja densidad de población y con una base económica con poco más que sus propios recursos para garantizar el desarrollo económico" (no se puede ser más explícito). Pero aún añadía más: "A grandes rasgos, las perspectivas a medio plazo de la región no son prometedoras. Las fuerzas del mercado no asegurarán probablemente una rápida mejora de la economía, sin la cual Teruel se arriesga a ser dejada de lado por las oportunidades de globalización y cambio tecnológico". La certeza del pronóstico de este organismo es sorprendente...

El punto de partida, pues, no es muy alentador y lamentablemente los años han ratificado buena parte de las conclusiones del estudio citado. Pero no todo se

veía negativo entonces, como citaremos a continuación, y en todo caso destacaremos –por la obligada brevedad– algunos avances logrados y alguna carencia persistente.

Entre las fortalezas detectadas hace dos décadas, la OCDE subrayaba dos principales políticas a desarrollar: la mejora de la industria agroalimentaria y la implementación de una estrategia para un turismo rural sostenible, y debemos admitir que en estos casos Teruel ha experimentado avances significativos.

Por lo que se refiere a la industria agroalimentaria es indudable que ésta se ha erigido como uno de los pilares básicos de la economía turolense; se han dado grandes pasos en el cultivo de la trufa, en los vinos de calidad, en el aceite, en determinadas frutas como el melocotón, y desde luego en el sector del jamón (aunque todavía quede camino por recorrer en integrar a nuevos productores en la denominación de origen).

En cuanto al turismo el progreso ha sido aún mayor durante estos años. A las celebraciones recreacionistas de la capital deben sumarse la apertura de establecimientos de calidad en muchas comarcas, de las que la red de alojamientos en el Matarraña es un ejemplo paradigmático, o las iniciativas de recuperaciones patrimoniales llevadas a cabo en lugares como Albarracín.

Volviendo a los puntos débiles, uno de los principales que advertía aquel Informe es el relativo a las comunicaciones: "La actual infraestructura de transporte no proporciona el adecuado acceso hacia áreas de población con potencial de desarrollo... Existen pocas probabilidades de que se emprendan grandes proyectos de infraestructuras dada la pequeña población considerada" (sic). Es decir, si unimos esta declaración con la otra aseveración, arriba citada, de que el mercado por sí mismo no va solucionar el problema, es más que evidente que se hace imprescindible la actuación inversora de la Administración en campos como el ferrocarril y algunas carreteras, superando evidentemente los criterios liberales de una economía de mercado.

Y ya que hablamos de aspectos positivos, sería injusto no reconocer que las Administraciones han llevado a cabo notables iniciativas de fomento en la provincia, y ahí están los ejemplos de las redes gasísticas, las estaciones de esquí de Valdelinares y Javalambre, Motorland en Alcañiz, Dinópolis, el aeródromo de Caudé, las restauraciones del patrimonio en todo el territorio, la reforma del Óvalo y actuaciones sobre el mudéjar en la capital, el Observatorio del espacio y otros, además de los proyectos propiciados durante muchos años por el FITE. Quizás sea insuficiente pero no son desdeñables estas iniciativas y alimentan la idea de que los déficits de Teruel obedecen a causas complejas.

En resumen, algunos de los peores vaticinios hechos hace veinte años se han cumplido. Por todo lo que antecede deseo sinceramente que las promesas recibidas por parte del nuevo Gobierno de España a Teruel Existe se cumplan. Únicamente me permito la libertad de recordar un consejo que daba Gary Cooper a un colega, en aquellas míticas películas del Oeste: "Nunca le des la mano a un pistolero zurdo".

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