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Opinión

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Historietas y tanguillos

ACTUALIZADA 19/01/2020 A LAS 02:00
Los tanguillos de Chano Lobato por lo menos tenían gracia; las mentiras de los separatistas, ninguna.
Los tanguillos de Chano Lobato por lo menos tenían gracia; las mentiras de los separatistas, ninguna.
Lola García

En materia de nacionalismos, historiadores y juristas han tenido siempre mucho que decir, además de los políticos (condiciones a menudo mezcladas).

Derecho imaginario

El empecinado Joaquim Torra defiende el derecho de autodeterminación. Con Pedro Sánchez al timón del Gobierno nacional, ya no lo llama ‘derecho a decidir’, expresión engañosa acuñada por el secesionismo vasco. Hoy, Torra no necesita esa cosmética. El día de Navidad, en su homenaje al iluminado Francesc Macià, ha enumerado las razones, para que no quepa duda de cuáles son: "El Estado español vulnera los derechos humanos, incumple las resoluciones de los tribunales de justicia europeos y niega a los catalanes su derecho inalienable a ejercer la autodeterminación". Esos son, pues, los fundamentos que alega el máximo figurón actual del separatismo catalán.

Entre un derecho de autodeterminación mal fundado y el de integridad territorial de un estado, prevalece este. Es principio asentado del derecho internacional que la autodeterminación solo puede alegarse si las leyes de un estado empeoran la condición de una parte de su población en determinado territorio, cosa que veda en absoluto la Constitución de 1978. El principio, de índole moral, es, pues, el de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Para que el secesionismo lograra apoyo de los organismos internacionales se requeriría cambiar de arriba abajo los presupuestos legales en vigor, todos derivados de una decisión, inmutada hasta hoy, tomada en 1960 por la Asamblea General de las Naciones Unidas: la Resolución 1514, jamás citada por los separatistas entre sus pretendidos fundamentos de derecho. Esa norma declara "incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas» todo intento dirigido a quebrar «la unidad nacional y la integridad territorial de un país". Se entiende bastante bien.

Historia imaginaria

Los historiadores separatistas, por su parte, han construido una narración muy deformada de la historia de Cataluña. Hablo de historiadores académicos, no de exhibicionistas estrambóticos.

Hubo un clímax propagandístico y deformador en 2014, para conmemorar la rendición de Barcelona a las tropas internacionales aliadas en apoyo de Felipe V. Así, es de veracidad muy dudosa decir que el XVIII, tan fecundo para Cataluña, "fue un siglo políticamente muerto". Y asegurar que "desde el nacimiento de la nación (sic) hasta el Once de Septiembre de 2014 (...) han transcurrido más de mil años" es historieta, más que historia. También se manipula la opinión de estudiosos extranjeros (por ejemplo, la de C. Storrs) adjuntando a sus atendibles propósitos un texto ajeno, pero maquetado a modo de resumen destacado que, en realidad, no se deduce de sus asertos. Dice: «Era suficientemente claro que Felipe V no tenía intención alguna de respetar sus fueros», cosa desmentida por hechos documentados.

Cabe añadir que una publicación de alta divulgación, asesorada por cuatro historiadores académicos catalanes, fue repudiada por profesores afamados como Cardim (portugués) y Edelmayer (austriaco). A Cardim se le incluyó sin aviso en una obra "que difunde una visión de la Historia completamente instrumentalizada por una ideología nacionalista (...) Estoy estupefacto e indignado", al igual que Edelmayer, dijo. También es taimada y perversa la identificación entre ‘tropas borbónicas’ y ‘castellanas’, máxime a sabiendas de que en el sitio de Barcelona hubo personajes de nombres tan significativos como Pópoli (napolitano), Berwick (inglés) o Verboom (flamenco). Un catedrático catalán, contemporaneísta, afirma, dotado de clarividencia: "España no está dispuesta a jugar la carta democrática con Cataluña". Sin contar con simplezas como la siguiente, tomada de la misma publicación cuya tirada, no venal, en tres o cuatro lenguas, fue de 10.000 ejemplares: "Juan Carlos I es el décimo rey borbónico mientras que Artur Mas es el 129º presidente de la Generalitat". Todo ello es obra directa de historiadores profesionales o alentada por ellos. No pueden quedar sin réplica, si bien ya fatiga darla.

Tanguillo imaginario

Antaño, en Cádiz, se vendía por mil duros una gran cazuela con más de quinientos años, de gran mérito por ser "de una sustancia que nadie conoce,/ fabricada en Medina-Sidonia/ el año cuarenta del siglo catorce./ La tenía don Diego Zorullo/ que era temporero de la catedral;/ se lavaba los pies los domingos/ y aluego los lunes hacía poleá". En el mismo negocio había en oferta "un guacamayo/ que estaba en la alcoba del rey don Pelayo". Eran tanguillos del inimitable Chano Lobato, quien no aspiró nunca a que pasaran por relato cierto. Al revés que estos otros cuentistas del odio, faltos de toda gracia.

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