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Opinión

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Ante el Día de la Mediación

Por
  • Katia Fach Gómez
ACTUALIZADA 18/01/2020 A LAS 02:00
Opinión
'Ante el Día de la Mediación'.
Pixabay

El 21 de enero de 1998, el Comité de Ministros del Consejo de Europa aprobó una significativa Recomendación apoyando la promoción de la mediación familiar en sus Estados miembros. Aunque a partir de esa simbólica fecha se ha avanzado mucho en la implementación de este instrumento jurídico-social de resolución de conflictos, la mediación todavía se halla lejos de desplegar toda su auténtica potencialidad.

Tanto la definición de mediación ofrecida por la RAE ("actividad desarrollada por una persona de confianza de quienes sostienen intereses contrapuestos, con el fin de evitar o finalizar un litigio") como la contenida en la Ley española 5/2012 de Mediación en Asuntos Civiles y Mercantiles ("dos o más partes intentan voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo con la intervención de un mediador") confluyen en apuntar que una mediación exitosa permite ofrecer una respuesta adecuada a la exigencia de justicia demandada por la ciudadanía, sin que haya de ser un juez quien tome una decisión vinculante en torno a la controversia pendiente. Desde esta perspectiva, fomentar la mediación supone un alivio para la sobrecargada administración de justicia española, a la par que un ahorro de tiempo y dinero para quienes participan en el proceso mediador. Asimismo, el carácter auto-compositivo de la mediación (esto es, son las propias partes inicialmente enfrentadas –y no un tercero– las que han de lograr una solución que satisfaga a ambas) ofrece ventajas por lo que respecta a la gestión de los aspectos emocionales del conflicto y a la supervivencia de las relaciones inter-partes, pudiendo calificarse la mediación en este sentido como un mecanismo para el robustecimiento gradual de la sociedad civil.

Pese a estas notables virtudes que habitualmente se le predican, la plasmación de la mediación en la realidad se encuentra profundamente trastocada por la conocida como la ‘paradoja de la mediación’. Esta se traduce, según afirma un estudio del año 2014 realizado por varios expertos a petición del Parlamento Europeo, en que "a pesar de sus probados y múltiples beneficios, la mediación en asuntos civiles y mercantiles todavía se usa en menos del 1% de los casos en la Unión Europea". Con independencia de que haya determinados ámbitos materiales, geográficos y temporales en los que el recurso a la mediación sea más habitual y fructífero, en la actualidad el panorama general dista mucho de ser satisfactorio. Estudiosos y prácticos de la mediación enumeran una maraña de motivos que podrían explicar este endeble arraigo de la mediación en España: el escaso conocimiento de ese instrumento por parte de los ciudadanos; la exigua formación en esa materia en el contexto universitario; el insuficiente apoyo del poder ejecutivo a una política pública de mediación; la presión ejercida por parte de poderosos sectores profesionales que temen ver reducidas sus tradicionales atribuciones laborales; el gran peso específico que sigue poseyendo el enfoque adversativo a la hora de solucionar controversias; y el propio carácter no obligatorio de la mediación.

En su reciente toma de posesión, el nuevo ministro de Justicia ha abogado por alcanzar un pacto de Estado que mejore la ‘maltrecha’ Justicia española. Dado que los modelos tradicionales no funcionan eficientemente, Juan Carlos Campo defiende "vertebrar un nuevo modelo de Justicia" que ofrezca a la ciudadanía una justicia entendible y eficaz y que además se alcance en un tiempo razonable. Si esta declaración de intenciones se analiza llevando puestas las lentes de la mediación, podría vaticinarse que, tal y como requiere el presidente Sánchez en su misiva al Consejo de Ministros y Ministras, el titular de Justicia va a ponerse "manos a la obra sin perder tiempo" por lo que a la mediación se refiere. Material y oportunidades para ello no le faltan. Caso de que en España prosperase la implantación de un modelo de mediación de ‘obligatoriedad mitigada’ como el defendido por el Anteproyecto de Ley de Impulso de la Mediación de 2019, la mediación podría conocer una nueva y más fecunda etapa en nuestro país.

El próximo martes, 21 de enero, se celebra en España el Día Europeo de la Mediación. Esta efeméride, que conmemora la fecha en que se aprobó la precitada Recomendación del Consejo de Europa de 1988, sería aún más dulce si en nuestro país se atisbasen mejoras palpables y cercanas en el ámbito de la mediación.

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