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Opinión

la firma

Atracción de talento

Por
  • José Antonio Mayoral
ACTUALIZADA 13/01/2020 A LAS 02:00
Imagen de archivo de la imposición de birretes a 50 nuevos doctores de la Universidad de Zaragoza.
Imagen de archivo de la imposición de birretes a 50 nuevos doctores de la Universidad de Zaragoza.
Francisco Jiménez

En el ámbito de la investigación científica, la incorporación de talento incide de forma distinta en las diferentes etapas del desarrollo de un perfil investigador. La formación de doctores se ha multiplicado en los últimos años (79.386 estudiantes de doctorado en el curso 2017-18) y la presencia femenina constituye algo más del 50% -excepto en Ciencias y, sobre todo, en Ingeniería y Arquitectura, donde representa el 29,6%-. Alrededor del 25% de los estudiantes de doctorado son extranjeros, sobre todo de Europa y América Latina, lo que no está mal desde el punto de vista de atracción de talento. Sin embargo, no somos capaces de retener, permitiendo que desarrollen su tesis doctoral en el extranjero el doble de doctorandos que recibimos. Esta es una realidad generalizada en las diferentes ramas de conocimiento.

Un hecho significativo es la edad media de los doctorandos. Solo el 6% es menor de 25 años, mientras que el 59% de estos investigadores en su etapa formativa son mayores de 30 años, sobre todo en ramas de ciencias de la salud y ciencias sociales y jurídicas. Las ciencias experimentales y la ingeniería y arquitectura atraen el mayor número de contratos doctorales asociados a contratos con empresas, lo que ayuda a paliar las limitaciones del sistema público. Así pues, no existe un déficit en la formación de doctores, pero hay margen de mejora en la atracción de jóvenes investigadores extranjeros.

¿Qué ocurre con el empleo de los doctores? La tasa de paro de los doctores en España es del 5%. No es un mal dato, pero es superior al 3% del entorno de la OCDE. Además, hay gran diferencia entre comunidades autónomas, que oscila entre el 1,1 y el 7,6%. Reveladora es la limitada capacidad empleadora de doctores del sector privado español, mientras que la relación de doctores entre el sector público y el privado es de media de 1,9 en los países de la OCDE, es de 4,4 en España. El sector privado financia cada vez más formación doctoral, pero no absorbe doctores formados en la proporción necesaria. Esto se puede relacionar con la posición que ocupa en nuestro país la aportación a la I+D+i del sector privado.

Aun durante la crisis, los doctores contribuyeron a un crecimiento del PIB del 0,5% y se calcula que un incremento del 1% de inversión en I+D+i en el sector privado aumenta en un 3,7% la creación de empleo altamente cualificado. La caída de esta inversión en España, en el sector público y en el privado, ha provocado una disminución de los empleos más cualificados y, por lo tanto, de la capacidad de atracción de talento. El índice ‘Entrepreneurial Talent and Global Competitiveness’ para 2019 coloca a nuestro país en la posición 31 de 125 países. En apariencia no es una mala posición, pero si observamos los 38 países europeos que aparecen ocupamos la posición 24.

Existen programas de captación de talento a nivel nacional y los centros de investigación y universidades públicas estabilizan, mediante contratos permanentes, a los investigadores de estos programas de excelencia. Casi todas comunidades autónomas han creado fundaciones para captar talento. En el caso de Aragón, la fundación ARAID. Complementariamente, sería bueno que las universidades públicas tuvieran presupuesto para asumir una política propia de captación de talento, de forma paralela a la carrera docente donde priman las necesidades educativas. La estructura de profesorado y su desarrollo profesional demandan desde hace mucho tiempo una reforma en el marco universitario porque la carrera profesional actual es larga y con bajos salarios en las etapas iniciales, lo que la hace poco atractiva.

Este análisis indica, por una parte, la necesaria implicación del sector productivo, y por otra que los programas de captación de talento investigador funcionan, pero son insuficientes, especialmente en algunas áreas del saber. En un plan de mejora, convendría que las universidades públicas pudieran complementar la oferta. Pero no menos esencial es que no se demore más la necesaria reforma de la estructura y la carrera profesional del profesorado universitario.

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