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Opinión

El nuevo Gobierno de coalición

Ajustado por las cuotas y por los repartos de poder, no solo entre los dos socios de gobierno sino también por los que definen las diferentes familias dentro del PSOE y de Unidas Podemos, Sánchez presentó ayer su Ejecutivo. 

Pedro Sánchez, en la comparecencia de este domingo.
Pedro Sánchez, en la comparecencia de este domingo.
Heraldo

Sin ningún ministro aragonés y sostenido en un ejercicio de equilibrios con Unidas Podemos, Pedro Sánchez presentó ayer el que es el primer Gobierno de coalición de la democracia. La intención del presidente socialista de diluir el peso de Pablo Iglesias se ha formalizado al dejarle una de las cuatro vicepresidencias y confirmarse que las otras tres poseen mayor recorrido estratégico y político que la de Derechos Sociales. Queda por saber cómo se gestionará la jerarquía política de un organigrama donde carecería de sentido convertir las áreas ministeriales en departamentos estancos ajenos a un discurso y estrategia comunes. Sánchez ha trasladado en su nuevo gabinete, que gana en número de carteras respecto al anterior, una referencia de continuidad, mezclando solvencia técnica con perfiles de alto calado político. Será un Gobierno que destile abiertas diferencias y tensiones internas y que en cuestiones de peso puede expresar pareceres encontrados. Ante los muchos retos que Sánchez parece dispuesto a abordar, es imprescindible un esfuerzo interno por el orden y el concierto, especialmente por la alta sensibilidad ante cualquier declaración ministerial. Aragón recibe al nuevo equipo con diferentes opiniones. La DGA celebra tener interlocutores en Madrid, mientras que la derecha se ofrece como alternativa ante la radicalidad del nuevo Gobierno. 

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