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Opinión

la firma

El náufrago

ACTUALIZADA 09/01/2020 A LAS 02:00
Opinión
El náufrago
KRISIS'20

Hace unos días terminé de leer ‘El naufragio de las civilizaciones’, de Amin Maalouf. Me recomendó su lectura Juanma Iranzo y se lo agradezco. El libro es brillante en su contenido, en su estilo y en su traducción. Y como también me advirtió Juanma, en cierta manera, es un texto inquietante que está impregnado de tristeza. Es una atmósfera emocional presente desde la primera página —donde reconoce disfrutar de un "triste privilegio" en su primer aliento— hasta el último párrafo del libro —cuando dice "qué triste sería que el transatlántico de los hombres siguiera navegando así hacia su perdición, inconsciente del peligro, convencido de ser indestructible"—.

Su origen libanés —o ‘levantino’ como se define— ha marcado una vida rica, cambiante, repleta de renuncias y desarraigos. Describe el declive concatenado de su mundo, de los suyos y, por extensión, del conjunto de la humanidad. Aunque, en el fondo, como anota antes de empezar el epílogo —con una cita de Calderón de la Barca— "no siempre lo peor es cierto". Y en esas páginas finales recuerda que su obra es una "meditación sobre la época desconcertante" que le ha tocado vivir. Situado en esa perspectiva escribe contando lo que vivió y vio como "testigo ocular de los hechos". Así afirma que "no, no es la nostalgia la que habla por mi boca, es mi preocupación por el porvenir; es mi legítimo temor a ver a mis hijos, a mis nietos y a sus contemporáneos vivir en un mundo de pesadilla. Y es también mi temor de ver desaparecer todo cuanto presta sentido a la aventura humana".

La sinopsis de la contraportada resume el marco general del contenido: "Cuando los espectaculares avances tecnológicos de nuestros días nos han facilitado el acceso al conocimiento como nunca hasta ahora, que vivamos más y mejor, que el ‘tercer mundo’ se desarrolle..., cuando por primera vez se podría conducir a la humanidad hacia una era de libertad y progreso, el mundo parece ir en dirección opuesta, hacia la destrucción de todo lo conseguido. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?".

El ‘aquí’ al que se refiere, como se destaca en la solapa, es el "naufragio inminente". Donde también se reitera su posición pues "le preocupa el futuro de esta ‘época desconcertante’, el porvenir de las nuevas generaciones". Pero no es una inercia que caiga en "el pesimismo ni quiere predicar el desaliento, solo hace una llamada lúcida a la responsabilidad colectiva, dejando entreabierta la puerta de la esperanza a que el mundo vuelva a orientarse, ya que como escribió en su novela ‘Los desorientados’: ‘Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación’".

Son tantas y tan interesantes las claves de este ensayo, de esta ‘meditación’, que lo más conveniente es recomendar la lectura directa. Porque, además, este no es el lugar donde desmenuzar los detalles. Sin embargo, no me resisto a entrar en uno de ellos, cuando escribe: "Cada generación tiene que hallar un equilibrio entre dos exigencias: protegerse de quienes se aprovechan del sistema democrático para promover modelos sociales que acabarían con cualquier libertad, y protegerse también de los que estarían dispuestos a asfixiar la democracia so pretexto de protegerla". Y esto lo apunta en un capítulo que comienza reconociendo su "pasión por los relatos de Orwell", —‘Rebelión en la granja’ y ‘1984’— lo cual comparto y recomiendo. Constatando que se nos han bloqueado la "generación de anticuerpos". Y por tanto "las injerencias en nuestras libertades nos escandalizan menos. Protestamos sin convencimiento". Esto nos ha llevado a un "entumecimiento de nuestro espíritu crítico […] bajamos la guardia ante los abusos en los que puede desembocar esa circunstancia de vigilancia permanente; bajamos la guardia cuando las tecnologías se meten en nuestra vida privada; bajamos la guardia cuando los poderes públicos modifican las leyes para volverlas más autoritarias y más expeditivas; bajamos la guardia frente a los peligros de una deriva ‘orwelliana’".

Algo que sin duda tenemos que pensar situados aquí, en nuestro país, Aragón, y en esta España nuestra. Son muchas la sombras y ‘boiras enfoscando’ el horizonte. Tendremos que despertar antes de naufragar.

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