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La visita de Caos y el país de Jauja

OPINIÓNACTUALIZADA 05/01/2020 A LAS 02:00
Jano, también llamado Caos, vigila el tránsito al año nuevo.
Jano, también llamado Caos, vigila el tránsito al año nuevo.
Lola García

Tras su probada impudicia académica, Pedro Sánchez ha mostrado su condición de aventurero político. Dirigirá su mestizo Consejo de Ministros con la condescendencia de los separatistas Junqueras y Ortuzar y del exetarra Otegi. Y habrá de pagar peaje cada vez que necesite del parlamento, donde el Gobierno en ciernes ni se acerca a una mayoría cómoda. Las vías alambicadas que lo han llevado a donde quería estar le obligan a un silencio vergonzante (y vergonzoso), con el cual intenta disimular y encubrir una situación poco digna. No hay sino ver lo ufanos que se muestran esos aliados suyos que injurian a España como nación y como estado. La pintoresca excepción es Torra, vicario berroqueño de Puigdemont, y el más fanático de todos.

Sin duda que es el aspirante a la Moncloa quien tiene la mayor responsabilidad del caso. Pero no está de más subrayar la cerrazón (es verdad que recíproca) de un Albert Rivera que se negó reiteradamente a considerar la posibilidad de cualquier clase de alianza con Sánchez, a pesar de la suma de 180 diputados (cuatro más de los precisos para la mayoría absoluta) que reunían PSOE y Ciudadanos. Difícilmente volverá esa ocasión, que demostró de forma palmaria (y no es juicio a posteriori) la incapacidad de ambos dirigentes en tanto que estadistas. A costa de España.

En muy poco tiempo han sucedido montañas de cosas. Entre ellas, nuevas ocasiones para que el secretario general del PSOE y presidente en funciones se haya desdicho -ninguna sorpresa- de sus execraciones antipodemitas, presto como está a entregar buena parte de los ministerios y una vicepresidencia del Ejecutivo a ese sujeto tan temible y detestable que, de entrar en el Gobierno, convertiría en enfermos insomnes al propio Sánchez y a los españoles. Sería un giro copernicano si llamarlo así no fuera ofender a Copérnico.

En el actual escenario político, Sánchez ha descartado algo tan sustantivo y necesario en la presente hora de España como acotar esos ámbitos para las políticas de Estado que deben sacarse de la refriega política, cada vez más emponzoñada. Al contrario: ya se roza el debate sobre la unidad de España, pactada, además, con una fuerza populista y autodeterminista, hasta ayer descoyuntada, y a la cual ha insuflado de modo insensato una fuerza de la que las urnas la habían privado. La otra parte de sus oscuros compromisos debe deducirse de las reacciones de satisfacción, apenas contenidas, de los jefes del PNV, de Bildu y de Marta Vilalta, la actual portavoz de Junqueras/ERC.

La deriva del PSOE parece determinante y con difícil rectificación. Muchos de sus militantes y votantes sienten honda preocupación y grave malestar por las ligerezas, vaivenes y truhanerías de su secretario general. De todas, acaso la más grave orgánicamente es el éxito de Sánchez en la anulación de las instancias intermedias del propio partido. Su posición siempre había sido rechazada por la estructura partidaria: el recurso directo a ‘la base’ en cuestiones complejas, rasgo nítidamente caudillista. Solo los interesados, los ignorantes y los incautos creen que eso -la evitación sistemática y del debate en los órganos intermedios de representación- es un modo democrático de formar opinión y lograr apoyos.

Hay vileza en el pacto impuesto por Junqueras a Sánchez -con la ayuda de Iceta: el papel lo firman PSOE/PSC y ERC- y la venia de Iglesias (más las bendiciones de Teruel Existe, qué decepción). En el pacto publicado, Sánchez vuelve a desmentirse y exhibe sin reparos su calidad de prestímano. La Constitución y, con ella, la legalidad vigente han desaparecido de un plumazo, sustituidas por el "ordenamiento jurídico democrático" (como lo entiendan los esquerristas, quienes niegan a España la calidad de Estado de derecho). Las componendas a que se llegue recibirán validaciones refrendatarias acordes con los mecanismos previstos "o que puedan preverse" -sintagma revelador- en "el marco del sistema jurídico-político", otra expresión gaseosa. Así, pues, la consulta, referéndum o la clase de cosa que hayan urdido, acaso sea hoy ilegal, pero puede no serlo dentro de nada. Y no es descartable que tan turbio negocio pase finalmente por el intento de abaratar el artículo 168 de la Constitución, que dificulta la modificación de la Primera Ley.

Caos visita Teruel

El 1 de enero arrancan a la vez el año nuevo y ‘januarius’, el mes consagrado a Jano. ‘Janua’ significa puerta y Jano tutela todos los tránsitos, incluido el paso del año viejo al nuevo. Como toda puerta, el dios tiene dos caras, opuestas e inseparables. El poeta Ovidio sintió pavor ese día, hace dos mil años. Helado de miedo, vio y oyó al dios que le decía: "Soy Jano. Pero los antiguos me llamaban Caos". Al comienzo de 2020, el viejo Caos ha vuelto a las andadas. Ha estancado el paro y la deuda. Ha hecho caer el empleo indefinido. Ha oído ayer al Líder Sánchez, lector dificultoso, prometiendo a los españoles que vivirán en una Jauja opulenta y rebosante de naciones. Con escepticismo de dios ancestral, también ha pasado por Teruel. Iba ceñudo.

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