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OPINIÓNACTUALIZADA 28/12/2019 A LAS 02:00
La Navidad en el colegio Jerónimo Zurita de Zaragoza
La Navidad en el colegio Jerónimo Zurita de Zaragoza
Colegio Jerónimo Zurita de Zaragoza

Asistí al primer prodigio de estas fechas navideñas en una celebración escolar, bien abrigado, sentado en la grada de un vetusto pero muy digno pabellón polideportivo municipal. El lugar, al que el colegio se desplaza para la ocasión caminando unos diez minutos, es frío, inmenso y desangelado. Sin embargo, la ilusión y el buen hacer de muchas personas, entre las que no me encuentro, así como la algarabía infantil y familiar, en la que sí participo, estuvieron a punto de convertirlo en un espacio acogedor.

Las escuelas públicas, a las que, dicho sea de paso, se les ha suprimido la vía de mejora de los presupuestos participativos y que con la implantación de la jornada continua están abocadas a su paulatina extinción vespertina, no suelen tener pabellón deportivo ni salón de actos. Esto significa que no son posibles actividades muy formativas, deportivas y escénicas, y que los actos abiertos a todo el centro, especialmente si incluyen a los familiares, tienen que realizarse a la intemperie. De ahí que el referido colegio recurra desde hace tres años a un polideportivo para celebrar la Navidad.

Muy cerca de dicha escuela hay dos centros de enseñanza concertada cuyas instalaciones podrían ser mejor aprovechadas socialmente, al igual que las de un edificio vecino del Gobierno de Aragón, apenas en uso. En este sentido, hay sólidos argumentos y derechos sociopolíticos y financieros, pero en estas fechas solo quiero apelar a esos corolarios de la inteligencia que son la colaboración, la generosidad y el sentido común, rasgos humanos que frecuentemente se nos presentan con apariencia de prodigio.

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