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Opinión

la firma

La salud del clima

Por
  • Rodrigo Córdoba García
ACTUALIZADA 28/12/2019 A LAS 02:00
Opinión
Cambio climático
KRISIS'19

La realidad del cambio climático es innegable; y así mismo, la urgencia con la que

deberíamos actuar. Si los gobernantes no se deciden a pasar a la acción, al menos

podemos tomar medidas cada uno de nosotros como ciudadanos comprometidos

El cambio climático vinculado a la actividad humana no es ninguna religión. Es un hecho que tenemos encima y que no podemos negar ni obviar. Siempre ha habido empresas o ideologías que han intentado acomodar las evidencias científicas a sus intereses, aun a riesgo de manipular y retorcer la propia ciencia. Hay numerosos ejemplos en la historia, desde las teorías racistas de los nazis hasta el cambio climático pasando por la negación de los efectos adictivos y cancerígenos del tabaco. Normalmente la verdad acaba por brillar, pero a veces demasiado tarde y a un altísimo coste.

El Panel Internacional para el Cambio Climático (IPCC) es un grupo de cientos de expertos a los que les mueve únicamente el interés por conocer la verdad. No les mueve la conveniencia de proteger tales o cuales intereses industriales ni privados, ni la energía verde ni la sucia. Pues bien, desde hace 50 años nos vienen avisando de lo que está pasando; y desde 2006 sus informes ya no permiten ningún margen para la duda. Uno de los principales climatólogos, Zeke Hausfather, de la Universidad de California, señaló recientemente que "el ritmo del calentamiento que estamos experimentando es casi exactamente el que predecían los modelos climáticos que se proyectaron en el pasado". Es decir: los modelos climáticos son fiables.

Los informes del IPCC se resumen en tres cuestiones: 

1.- El cambio climático es fruto de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases, como metano y óxido nitroso, a la atmósfera y está calentando los mares, los hielos árticos y produciendo desastres cada vez más graves: incendios, inundaciones, tornados, migraciones, etc. Estos fenómenos no responden a un periodo de retorno previsible sino que su frecuencia e intensidad está aumentando exponencialmente. Todo ello supone un coste humano y económico que crece dramáticamente. Incluso desde una perspectiva meramente económica, el coste de no hacer nada sería mucho mayor que invertir para minimizar el impacto de ese formidable cambio en el clima. Desde una perspectiva de salud individual el aumento de temperatura media conlleva más mortalidad en población frágil, enfermedades infecciones no vistas en nuestras latitudes y un montón de problemas de salud, como enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

2.- El cambio climático se debe fundamentalmente a la acción humana y coincide con la industrialización vinculada al consumo masivo de combustibles fósiles. Un ejemplo clarísimo es que la emisión de dióxido de carbono en China se disparó a partir del año 1990, mientras que en Europa se redujo debido al cambio a un modelo industrial más tecnológico.

3.- Se sabe lo que hay que hacer y no hay mucho margen para hacerlo. Hay que reducir dramáticamente esas emisiones. Lo que implica un cambio en nuestro estilo de vida y ser generosos con las siguientes generaciones. Implica compromiso de las instituciones a todos los niveles e inversiones cuantiosas.

Habría una cuarta cuestión más de actitud personal: si las instituciones no hacen nada o avanzan a velocidad de tortuga ¿qué puedo hacer yo a nivel personal? Todos podemos reducir la llamada ‘huella de carbono’ de nuestra actividad. Un 25% de las emisiones corresponden a la alimentación. Podemos comer menos carne, al menos de vacuno, por dos razones. A partir de 50 gramos/día de carne procesada o 400 gramos/semana de carne roja, aumenta el riesgo de cáncer de colon; y además la cantidad de metano que conlleva su producción la convierte en la carne menos ecológica. Podemos consumir más productos frescos de temporada y de proximidad (normalmente más saludables y sin costes de transporte). Podemos despilfarrar menos dinero en ropa que a menudo no necesitamos. Podemos usar un vehículo eléctrico o híbrido. Podemos invertir en energías limpias o construir una casa ecológica si tenemos recursos para hacerlo. Podemos viajar más en tren, renunciar a viajes ‘low cost’ en avión y conocer mejor nuestro entorno.

Es nuestra libertad, que podemos ejercerla de diversas maneras en función de nuestras convicciones, pero también de la realidad que se nos impone. Lo que algunos llaman la revolución de las pequeñas cosas es una alternativa a la inacción de la mayoría de los gobernantes. Se trata de evitar que la temperatura media suba más 2 grados a mediados de este siglo. Todo lo que se haga para evitarlo quizás sea insuficiente pero la responsabilidad de la humanidad en su conjunto es intentarlo seriamente sin más dilación. Muchos tenemos hijos, nietos o sobrinos. Sería el mejor regalo para las siguientes veinte navidades.

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