Despliega el menú
Opinión

la rotonda

El hilo invisible

OPINIÓNACTUALIZADA 27/12/2019 A LAS 02:00
Vista aérea de la ciudad de París
Vista aérea de la ciudad de París
Reuters

"¿Es cosa mía o el mundo cada vez está más loco?". Para quienes la hayan visto, ya saben que es la primera frase de Arthur Fleck en ‘Joker’, un drama psicológico que es un descenso a los infiernos de Gotham City, la ‘ciudad gótica’, una síntesis de los rasgos más oscuros de Nueva York, Detroit y Chicago. La enfermedad física y la social retroalimentándose, hasta cortar la respiración.

En otro escenario cinematográfico, el París de ‘Los miserables’, la cámara nos lleva desde la celebración de la Copa del Mundo de fútbol que ganó Francia en 2018, en una desbordada y feliz avenida de los Campos Elíseos, a Montfermeil, uno de tantos barrios de la periferia de París anegados por la frustración de las segundas y terceras generaciones de inmigrantes.

Otra gran película también en cartelera, ‘Parásitos’, arranca en un inmundo sótano de Seúl donde malviven Gi Taek y su familia. El abismo entre su miseria y la opulencia de los Park, para los que empieza a trabajar un hijo de Gi, la urdimbre donde florecen los nuevos millonarios asiáticos y penan los de abajo.

En la forma, las tres son magníficas y han contado con las mejores críticas, como las de Carmen Puyó, en estas mismas páginas. En el fondo, las tres están unidas por el hilo invisible del sufrimiento que padece una parte de las sociedades contemporáneas. El revés de la fortuna y el poder, sea el continente que sea… y la respuesta de quien la sufre: diferente pero siempre furibunda.

Aunque los referentes creativos de ‘Joker’ provengan de ‘Batman’, las desigualdades sociales, la enfermedad, los recortes o la desesperanza de los que ni tienen trabajo ni van a elegantes conciertos son tan reales como verosímiles chispas para prender el gas ambiente.

Como se incendia en el barrio parisino en el que Víctor Hugo ya situó su gran novela y que el director de la película, Ladj Ly, conoce bien, pues nació en el propio Montfermeil. De hecho, quiere dar una oportunidad a la esperanza y cierra el filme con una de las grandes frases de ‘Los miserables’ de Hugo: "No hay malas hierbas, ni malos hombres. No hay más que malos cultivadores". Entre tanto, una permanente pelea entre policías y jóvenes sin horizonte, que malviven en una Francia urbana de segunda división.

En los suburbios surcoreanos es una familia la que lleva de las aguas residuales del semisótano al paraíso de una lujosa mansión: una escenografía de lo que les está vedado, en una película llena de quiebros.

En los tres casos, en grandes metrópolis del mundo. Megaciudades donde crecen las oportunidades… y las enfermedades sociales. Una tendencia, la de las megaciudades, que va a más. La ONU predice que, en 2050, el 70% de la población vivirá en ciudades y, en España, seremos urbanitas el 88% de los habitantes. Antes, en 2035, se prevé que un 28% resida en Madrid y Barcelona, cabezas de las comunidades que ya producen hoy, entre las dos, casi el 40% del PIB de España. A la vez, los expertos auguran que la despoblación se ralentizará… porque cada vez quedarán menos personas en los pueblos para irse.

Sigo el quiebro narrativo, a lo ‘Parásitos’: lo he visto esta semana, con mis propios ojos. En mi pueblo, de un censo de más de 300 casas, el día de Nochebuena solo había habitadas 10. A lo largo del invierno, hay abiertas algunas más, es verdad, pero la deriva es imparable: a la mayoría de la gente le gusta vivir en las ciudades, aunque sea a trancas y barrancas.

Evoco imágenes de las tres películas desde la paz que regalan el silencio y el sol de invierno en los confines del Sistema Ibérico. A la pregunta de Joker, puede que el mundo esté cada vez más loco, pero hay lugares protegidos. En las faldas de la Sierra de Herrera es tan escasa la gente como la opulencia, pero a cambio nunca faltan el socorro mutuo ni la preocupación por el otro. Somos unos afortunados por tener nuestro propio hilo invisible y que nos siga inspirando. Quizá esta sea la receta para la supervivencia: compartir su espacio y nuestro tiempo. Felices fiestas y que 2020 podamos disfrutarlos más a menudo. 

Etiquetas