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Opinión

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Prevención ante las riadas

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 23/12/2019 A LAS 02:00
CRECIDA DEL RIO EBRO EN GALLUR ( ZARAGOZA ) / 15/12/2019 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
Desbordamiento del Ebro en Gallur.
Oliver Duch

La reciente crecida del Ebro, aunque no alcanzó la calificación de ‘extraordinaria’, causó algunos daños y obligó al desalojo de edificios y urbanizaciones. Y se comprende que haya activado de nuevo la preocupación en las poblaciones de la ribera, cuyos ayuntamientos piden a la CHE actuaciones, especialmente reparación de motas. Los ciudadanos y los agricultores de las áreas afectadas tienen que sentirse escuchados y amparados con medidas adecuadas de protección.

El temor ante lo que pueda ocurrir cuando se aproxime la primavera, teniendo en cuenta especialmente la acumulación de nieve en las montañas, se extiende tanto por los municipios de la ribera baja como por los de la alta, y también por algunos barrios rurales de la capital aragonesa. La principal petición es la reparación de al menos una decena de motas o muros de contención, algunas de las cuales se han visto afectadas por la última crecida, registrada hace apenas unos días. Es cierto que los técnicos de la Confederación ya están trabajando sobre el terreno para comprobar las actuaciones necesarias; pero también, que en realidad hay poco tiempo, apenas unos meses, para llevar a cabo las obras. La prevención ante las riadas tiene que coordinar muchos aspectos, desde la alerta temprana hasta las indemnizaciones, con la agilidad suficiente para que las poblaciones se sientan protegidas. Intervenciones como las limpiezas del cauce o la construcción de motas tienen también un papel importante y deben hacerse con criterios técnicos adecuados. 

El régimen de un gran río mediterráneo como el Ebro es extremadamente irregular y hay que mantener también el respeto a los criterios ambientales. Pero la ribera es, por su proximidad al agua, un área imprescindible de concentración poblacional, de infraestructuras y de actividad económica. De manera que la gestión del río tiene que hacer compatibles los movimientos naturales con una actividad humana que aporta riqueza y fija población.

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