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Opinión

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Casetas son universos

ACTUALIZADA 02/12/2019 A LAS 02:00
FUTURA REFORMA DE LA AVENIDA DE LA CONSTIUTCION DE CASETAS / 24-07-2015 / FOTO: MAITE SANTONJA
La avenida de la Constitución de Casetas.
Maite Santonja

El ‘Black Friday a la casetera’ se inventó hace años, cuando la Asociación de Comercios y Servicios del barrio decidió que tenía que llamar a la puerta de los vecinos para decirles que el comercio de proximidad es mucho más que una transacción. Por eso el día para celebrar las ventas no se convirtió en una fiesta de rebajas desmesuradas sino en un acto de reivindicación de lo que significa abrir todos los días una persiana. Así que se decidió crear en el pabellón sociocultural la Feria del Comercio, reconvertida ahora en Expo Casetas, donde buena parte de los que teníamos tienda montábamos ‘stands’ donde se llevaban buenos precios y productos.

Imagino, porque la distancia no me ha dejado estar, que el fenómeno se repitió este pasado mes de noviembre en un evento (a juzgar por el programa) mucho más profesionalizado: sorteos, actuaciones, bingo, cabezudos... Aunque lo cierto es que no me acuerdo de si cuando yo era un crío ya se organizaban tantas cosas para atraer la atención de la gente. Para mí, como para el resto de los chavales cuyos padres tenían tienda, bastante era pasarte un fin de semana enredando por el pabellón en algo que rompía completamente con la rutina y que hacía divertido lo que en realidad era un esfuerzo extra: cargar cajas, montarlo todo, más horas de trabajo y vuelta a recoger para abrir el lunes. De lo que sí me resta recuerdo es que de niño las distancias son otras, mayores; y los espacios, planetas. En la Feria, por ejemplo, yo veía una ciudad y cuando he vuelto al pabellón he pensado en qué tendría en los ojos para ver mundos desconocidos y gigantes entre cajas de embalaje. Claro que Casetas para los críos son universos: no era lo mismo jugar en el descampado que está frente al cementerio que en el pabellón, al que se llega bajando ‘la cuesta’, escudada por árboles y cuyo desnivel te permite ver el barrio como una fortaleza a la que regresar de una aventura que ahora sé que será irrepetible. 

En todo caso, es de celebrar que Casetas aguante su tejido asociativo como tantos otros y que no piense renunciar a ese pequeño comercio que es una pelea sin fábulas contra la temeridad de los precios esclavistas. La misma que ya libraban mis padres, mis tíos y tantos otros, mientras sus hijos éramos felices jugando, que es soñar sin miedo.

@juanmaefe

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