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Opinión

en nombre propio

Predicar en el desierto

Por
  • Víctor Juan
ACTUALIZADA 28/11/2019 A LAS 02:00
Un nuevo material obtiene agua del aire en el desierto
Desierto
HA

Hasta hace cuarenta años, en Huesca se celebraban durante estos días las ferias de San Andrés. Algunas plazas se convertían en un gran mercado en el que se compraba y se vendía ganado. Noviembre era un mes de negocios cerrados con un apretón de manos, de tratantes que acudían desde cualquier rincón de Aragón para comprar mulas y caballos criados en la montaña, muy resistentes en la tierra plana.

También se montaban tómbolas, carruseles y barquitas para los niños. Ramón Acín, aquel defensor de causas justas que pudiendo estar del lado de los poderosos eligió estar del lado de los humildes, denunciaba en ‘El Diario de Huesca’ que estas atracciones se instalaban en la plaza de Camo, junto a la carretera de Zaragoza, en el rincón de la ciudad en donde con más fuerza golpeaba el viento y el frío calaba hasta los huesos. Sabía que nadie tendría en cuenta su opinión, pero no le importaba porque había ingresado por voluntad propia en la orden de predicadores en el desierto. 

Confesaba que no le preocupaban los niños mimados por la fortuna, esos que tenían abrigo y una perra chica para montar en los caballitos. Escribía pensado en esos otros que ni tenían abrigo ni montaban en los tiovivos y que pasaban la tarde inmóviles, soportando el frío, mirando cómo otros niños daban vueltas galopando a lomos de caballitos de cartón. Hoy son más necesarias que nunca personas que se preocupen de aquello que no le preocupa a nadie, predicadores en el desierto que tomen partido por quienes más lo necesitan.

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