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Sin milongas

ACTUALIZADA 21/11/2019 A LAS 02:00
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Sin milongas
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Empeñarse en desmontar una convención socialmente establecida es una tarea quizá inútil y absurda. Aunque tiene distintos niveles en función del asunto. Si es cosa de palabras, parece más factible que el cambio de costumbres. No obstante, las palabras también son inercias sociales que utilizamos mientras sirven y funcionan como mecanismos de reducción de la complejidad. Sin embargo, en ocasiones es oportuno poner el dedo en la llaga, en especial con las ideas políticas. Esas que afectan a la vida en común, donde diversos personajes quieren hacerse con el poder para tomar decisiones en nombre de todos. En ese contexto, tiene sentido cuestionar y volver a preguntar si la división entre izquierda y derecha nos sirve o, por el contrario, se utiliza para ocultar bajo capa de bien aquello que luego es pura manipulación y mistificación.

Cabe decir, por adelantado, que es un esfuerzo contracorriente, más si consideramos la monografía publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) escrita por Javier Lorente (2019) ‘Los jóvenes y la división izquierda-derecha en Europa en los últimos treinta años: generaciones y voto’. En la web el CIS presentan el libro diciendo: "La ideología, que suele medirse a través de la división izquierda-derecha, es la orientación política que mejor articula la competición electoral y es conocida su utilidad para ordenar las preferencias políticas de los ciudadanos. El objetivo de este libro es conocer cómo se relacionan los jóvenes con esta división...". Aunque no he tenido el texto en mis manos, creo que será muy similar a la tesis doctoral del mismo autor defendida en enero de 2017 en la Universidad Autónoma de Madrid.

Si nos centramos en esa obra, encontramos una revisión de la génesis de la metáfora y una discusión de distintas perspectivas al respecto. En el capítulo segundo, dedica un apartado a revisar ‘El contenido de la división izquierda-derecha’, donde la suerte está echada desde el comienzo, pues solo atiende a dos grandes grupos de autores: "(a) quienes consideran que la división izquierda-derecha tiene un contenido esencial e invariable en el tiempo y el espacio, y (b) los que argumentan que la división izquierda-derecha tiene significados variados y flexibles". Luego remarca que deja para "una sección posterior la difícil cuestión de la operacionalización de los significados". No se trata ahora de ‘deconstruir’ esta investigación donde se explica que la división izquierda-derecha «funciona como una especie de esperanto político», como una «representación social» con elementos centrales abstractos resistentes al cambio. Cada quien puede leer por su cuenta ese trabajo.

Mi reto aquí es responder a un colega que la semana pasada me decía: ¿si no hay izquierda y derecha, de quién eres? ¿Con quién estás? Desde su punto de vista, es necesario ‘mojarse’, sin milongas. Por mucho que me empeño en explicar que esas dos etiquetas no nos sirven, que son cosa de siglos pasados, insiste en que hace falta definirse. No pregunta a quién voto, pero casi. Es más, dice que se ve demasiado el plumero y que este jugar a ‘ni fu ni fa’ es porque no estoy comprometido con la causa. A lo cual solo cabe responder con mejores argumentos, con hechos y, también, con algunas preguntas simples.

Empecemos por esto último. ¿Qué prácticas sociales correlacionan con el par izquierda-derecha? ¿De qué bando es ir en bici o fumar? ¿Y comer carne, queso, huevos y embutidos sin hacerle ascos a las borrajas y otros vegetales? No sirven los bandos, se puede ir en transporte público o caminando a todas partes y usar el coche cuando da la gana. ¿Dónde ubicar a quienes defienden la libertad de enseñanza y, a la vez, exigen un renta básica universal y que el acceso a la vivienda no dependa de solo lo que se puede pagar? ¿O a quienes defienden la libertad de expresión, el pluralismo religioso, la consolidación de los derechos humanos y la denuncia de las dictaduras? ¿O quienes aceptan que no se pueda cazar quebrantahuesos, pero tampoco eliminar embriones humanos y critican el negocio de las tecnologías de reproducción asistida? La tarea es explicar mejor las formas de poder y de organización política, lo demás, milongas, sí, y tinta de calamar. 

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