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Oferta universitaria

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 18/11/2019 A LAS 02:00
Un aspecto de la fachada del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
Un aspecto de la fachada del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Hasta cuatro grados de la Universidad de Zaragoza no han cubierto ni la mitad de las plazas que han ofertado este curso académico y otros doce están por debajo del 80% de ocupación. Sin ser un problema grave, sí que es un claro indicador del esfuerzo organizativo que hay que realizar permanentemente para sacar el mayor rendimiento posible a los recursos disponibles. 

Existe un amplio consenso en que la prosperidad de Aragón, como de cualquier territorio, depende en buena medida de la excelencia de su educación básica y universitaria, y de la capacidad que tenga para participar en las redes globales de producción científica. En la sociedad del conocimiento, la educación es la piedra angular de la capacidad de progreso. Y en un ámbito tan exigente y competitivo no se pueden mantener estructuras rígidas. Es necesario desarrollar la capacidad de adaptarse con rapidez a los cambios constantes. Sobre todo, para afrontar la complejidad de los modelos productivos que traerá la revolución tecnológica en curso, en la que será preciso tener una sólida formación, y para aprovechar mejor los medios de los que se dispone. Así, por ejemplo, la baja matriculación de alumnos en algunos grados de la Universidad de Zaragoza obliga a reflexionar sobre qué hacer para corregir esta anómala situación.

Los centros públicos universitarios aragoneses deben ser las instituciones más exigentes en su actualización constante tanto en proyectos de investigación y de conexión con las necesidades de las empresas como en oferta educativa o en la calidad del profesorado. Ahora, tienen que responder también a la próxima llegada de Amazon a la Comunidad, el incremento de la movilidad europea o el impulso que han adquirido las carreras online. La Universidad también debe sustentarse en la eficiencia porque nada construye más confianza en lo público que administrarlo bien.

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