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Opinión

en nombre propio

Glo-cal

Por
  • Eva Pérez Sorribes
ACTUALIZADA 15/11/2019 A LAS 02:00
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Lo más pequeño se hace notar en la inmensidad de lo global.
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Mientras Greta Thunberg viaja en catamarán prestado hacia Madrid para no contaminar, Teruel Existe irrumpe en el Congreso. Lo más pequeño del mapa se hace notar en la inmensidad de lo global. Desde que las comunicaciones y la red hicieron el mundo más accesible y universalizaron los grandes temas, lo pequeño busca su sitio a codazos. Y se revaloriza. Hay geografías imposibles como las perspectivas de las escaleras que pintaba Escher, pero reivindican su lugar en el mapa y en la política. Son lugares olvidados tanto por el ferrocarril de la historia –que engorda capitales– como el de Adif, que solo un día antes de las elecciones del 10-N anunciaba un ‘by-pass’ entre Madrid y Valencia sin pasar por Teruel. Los enfados que antes eran sociales, se vuelven territoriales. Lo describe a la perfección el aragonés Víctor Lapuente. Pasa en Cataluña, pasa en Gran Bretaña, pasa en Teruel. Causas distintas con síntomas parecidos. La lucha de clases se ha quedado viejuna y ahora se imponen banderas, fronteras o las provincias de las esquinas de cualquier sur. Denota un mundo que cambia de talla sin que haya dado tiempo a sus habitantes a crecer para ocuparla. Por eso, en el Congreso, ahora que la cosa va de pactos, los pequeños levantan la mano, y en el mercadeo de los votos en el que tristemente se ha convertido la política, ellos acaban reclamando lo de todos: ‘¿qué hay de lo mío?’. Y es verdad que no se avanza en lo general si cada cual mira solo por lo particular, pero tampoco si se deja fuera. El equilibrio no solo es transversal, palabra de moda, sino ‘glo-cal’. Mezcla de global y local. Para eso, hay que mirar lejos y estar cerca. Cabeza en el cielo, oteando la enormidad del océano que estos días cruza Greta sin contaminar, pero pies en la tierra, sin dejar de pisar el suelo de lo que pasa en casa.

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