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Opinión

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El naufragio de Venecia

ACTUALIZADA 15/11/2019 A LAS 18:58
Turistas pasean por Venecia inundada por el 'aqua alta' este viernes, 15 de noviembre.
Turistas, trabajadores y vecinos de Venecia caminan por sus calles inundadas por el 'aqua alta' este viernes, 15 de noviembre.
ANDREA MEROLA

La bella Venecia naufraga. Cuando no son hordas de turistas las que inundan sus calles, llega el ‘aqua alta’ y deja sumergido el 80% de su casco urbano. El Gobierno italiano ha declarado el estado de emergencia en la ciudad de los canales después de registrar su peor inundación desde 1966. Ha anunciado ayudas de 5.000 euros para los residentes afectados. ‘Porca miseria’ para quienes se ven empujados a huir de su ciudad: cuando no es por el turismo de masas, se ven arrastrados por el agua a raudales. Sus habitantes vinculan esta última "devastación apocalíptica", que recuerda a las películas sobre fenómenos climatológicos extremos, con las obras para permitir el acceso de cruceros hasta la cocina de la Serenísima.

Venecia ha sido referente universal del comercio desde el siglo XVI y del turismo a partir del XVII. De un tiempo a esta parte, desde que cada vez más buques mastodónticos vacían sus entrañas llenas de viajeros en ella, se está convirtiendo en referente del modelo turístico insostenible.

El ser humano desata catástrofes y mira para otro lado. O se pone la máscara veneciana para disimular su culpa. A este paso, nuestra generación asistirá a la defunción de la bella Venecia. Imaginen los titulares: "Murió de tanto amarla". "La ciudad que no sobrevivió a su belleza". O uno menos poético: "Entre todos la matamos y ella sola se murió".

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