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Opinión

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Un gobierno para España al estilo aragonés

ACTUALIZADA 12/11/2019 A LAS 02:00
Pedro Sanchez palacio exposiciones Teruel /10-10-19/foto:Javier Escriche [[[FOTOGRAFOS]]]
Lambán podría enseñar a Sánchez cómo se cose un gobierno con retales.
Javier Escriche / HERALDO

Mirando los resultados del domingo con cierto detalle y ya sin las prisas de la noche electoral, lo cierto es que Pedro Sánchez tiene una clara posibilidad de formar gobierno -e incluso, con suerte, de gobernar- sin tener ni que recurrir a los independentistas montaraces ni que mendigar la comprensión del PP. 

Tendría para ello que hilar muy fino y conseguir una serie de acuerdos que le permitieran sumar los 120 escaños de su partido con los 35 de Podemos y cía., los 10 de Ciudadanos, los 7 del PNV, los 2 de Más País y los tres diputados sueltos de Compromís, el PRC y Teruel Existe. Eso daría 177 escaños, es decir, una impecable mayoría absoluta que facilitaría la investidura de Sánchez en la primera votación.

¡Imposible!, dirán muchos. Pero no hay nada imposible cuando aprieta la necesidad. Para ello, lo primero que haría falta sería que los dudosos doctores en alquimia política que asesoran a Sánchez en la Moncloa -y que en realidad se han ganado un despido fulminante- viesen la jugada y diesen su plácet. Y después, que Sánchez tuviese la generosidad y la habilidad suficientes para conseguir pactos con todas esas fuerzas políticas. No las tiene, es verdad. Pero podría llamar a Lambán para que se los negociase.

El socialista aragonés tiene ya experiencia en coser retales para formar un ‘gobierno almazuela’ (‘patchwork’, para los modernos). Aquí consiguió juntar en el mismo gabinete a partidos en principio dispares y aun opuestos, como Podemos y el PAR. Y de momento no le va mal. ¿Por qué no formar en España un gobierno al estilo aragonés, al estilo Lambán?

No sería un gobierno Frankenstein, porque resultaría extraño, pero no monstruoso: las ocho fuerzas políticas mencionadas, que sumarían los 177 escaños, acatan hoy por hoy el orden constitucional, aunque, es verdad, con diferentes grados de entusiasmo, que en los casos de Podemos y el PNV no es excesivo. 

Desde el punto de vista estrictamente aragonés, el gobierno ‘patchwork’ al estilo Lambán tendría le ventaja de que, tal vez, gracias al escaño de Teruel Existe, podríamos conseguir al fin, como contrapartida a ese voto, un ferrocarril moderno entre Zaragoza y Valencia, que falta hace. Y que sería un premio que los de la plataforma ciudadana se merecen de sobra por su tenaz e imaginativa movilización y por el esfuerzo con el que ahora han conseguido entrar no solo en el Congreso, sino también en el Senado.

En fin, es una oportunidad que seguramente Sánchez no explorará, pero que está ahí y no sería la peor opción para desatascar la política española, aunque seguramente tampoco la mejor. La mejor pasaría por un acuerdo de Estado entre el PSOE y el PP.

Mientras Sánchez deshoja la margarita, las elecciones del domingo se han cobrado ya una víctima (¿habrá más?). Albert Rivera anunció ayer una dimisión que era inevitable. Su error estratégico al rechazar de plano cualquier acuerdo con los socialistas ha situado a Ciudadanos como el segundo partido en la triste clasificación de los batacazos electorales de la democracia española. El primer puesto, imbatible, lo mantiene desde 1982 la Unión de Centro Democrático, que de una tacada pasó de 168 a 11 diputados, que se dice pronto. Pero lo del partido naranja también tiene bemoles: en seis meses ha perdido el 82% de su representación parlamentaria, pasando de 57 escaños a 10. ¡Como para que no dimita el responsable!

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