Despliega el menú
Opinión

Opinión

Sin función

ACTUALIZADA 11/11/2019 A LAS 19:20
Ciudadanos leader Albert Rivera addresses the media at the party headquarters a day after general elections, in Madrid, Spain, November 11, 2019. REUTERS/Susana Vera [[[REUTERS VOCENTO]]] SPAIN-ELECTION/RIVERA
Albert Rivera, durante la rueda de prensa ofrecida este lunes.
SUSANA VERA/Reuters

No es un problema de obsolescencia programada ni de fatiga de materiales. Es mucho más sencillo: ha dejado de cumplir la función para la que supuestamente fue diseñado. Ciudadanos nació en Cataluña como muro de contención del nacionalismo catalán y en España, bajo un dibujo liberal, para apropiarse publicitariamente del centro político y etiquetarse como bisagra entre el PSOE y el PP. De estética renovadora y discurso transversal se empeñó en decir aquello que dictaba el sentido común, construyendo un partido engoladamente presidencialista plagado de fichajes, pero con exceso de ambición.

Beneficiado por la fatiga del bipartidismo, fueron muchos los que creyeron que Ciudadanos era aquello que predicaba: un centro ideológico renovador. Entre ellos Manuel Valls, que como otros tantos descubrió con rapidez que el envoltorio no se correspondía con el contenido y que la carrera por el poder, por disfrutar del sabor de la Moncloa, había terminado por apoderarse de los mandos.

Inclinado a la derecha, llegaron los comicios de abril y, tras el no a Pedro Sánchez, una repetición electoral que el domingo dejó el proyecto de Ciudadanos reducido a 10 diputados. Culpabilizado por los electores por su negativa a formar gobierno con el PSOE, por renunciar, precisamente, a aquello para lo que había sido ideado, Albert Rivera y su partido terminaron apartados como una pieza inservible, sin haber sabido leer dónde se encontraba el momento y la oportunidad.

Rivera se marcha y con él se agota una parte de Ciudadanos y de la historia de un partido que, a tenor de los resultados, no deja demasiados huérfanos. Su hueco, por el que a partir de ahora solo pelearán en clave de supervivencia los cargos institucionales repartidos por ayuntamientos y comunidades autónomas, corre el riesgo de olvidarse rápidamente, perdido entre la maleza del bipartismo y el ruido de Vox. Igual que UPyD.

Etiquetas