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Opinión

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¡Viva la emoción! ¡Muera la razón!

ACTUALIZADA 22/10/2019 A LAS 02:00
Imagen de archivo de Unamuno y Millán Astray tras la conferencia en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca
Imagen de archivo de Unamuno y Millán Astray tras la conferencia en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca
Efe

‘Mientras dure la guerra’, la película de Amenábar, recrea con ecuanimidad el famoso incidente en que Unamuno le dice al general Millán-Astray: «Yo, que me he pasado la vida estudiando paradojas, no puedo permanecer callado entre la repelente paradoja proferida por el general (¡Viva la muerte!). ¡Venceréis, pero no convenceréis!». El enfrentamiento en Salamanca, el 12 de octubre de 1936, entre el escritor y el fundador de la Legión es el choque brutal entre la inteligencia frente a la sinrazón, el pacifismo frente a la violencia. Ocho décadas después, asistimos a un choque semejante entre la convivencia racional y el secesionismo emocional.

Los líderes soberanistas han seguido un plan de grandes gestos que mantiene atrapados emocionalmente a sus seguidores. Así, han logrado que casi la mitad de los catalanes les voten gracias a la instrumentalización de los sentimientos. Con grandes gesticulaciones en manifestaciones, cadenas humanas y ‘diadas’ han alimentado el ideal romántico de nación hasta anular las evidencias más racionales: se han saltado las leyes, no son mayoría, han gastado una cantidad ingente de dinero en propaganda, hacen una pésima gestión... Los independentistas han fracasado, pero perseveran en su relato emocional que, en el fondo, es racista y antidemocrático porque se basa en una pretendida superioridad de Cataluña.

Como en la disputa entre Unamuno y Millán-Astray, en Cataluña también hay un choque entre el concepto moderno de ciudadanía (el que protege los derechos de todas personas desde la igualdad y la libertad) y el del ‘procés’ (el supremacismo victimista que garantiza a sus afines unos privilegios en virtud de leyendas históricas). ¡Viva la sinrazón!, gritan desde la Generalitat.

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