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Opinión

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Ego-luchas

ACTUALIZADA 21/10/2019 A LAS 02:00
Parecen pelear más por una imagen que por una ideología.
Parecen pelear más por una imagen que por una ideología.
Quique García / Efe

El día posterior a la sentencia del ‘procés’ enchufé la emisión en directo que algunos periódicos mantenían de lo que esa noche estaba pasando en Barcelona. Eran cámaras fijas, casi de madrugada, por lo que no ofrecían planos en detalle aunque sí una panorámica veraz de lo que iba ocurriendo. Recuerdo que en uno de los instantes, la imagen era la de una avenida cortada con varios fuegos provocados a la que se habían acercado un par de chavales con un patinete eléctrico para hacerse fotos. Al minuto, otra pareja, disfrazada en este caso con el ‘uniforme CDR’, hizo lo propio con los selfis aunque agitando más las manos. Y poco después aparecieron otros dos chavales, vestidos esta vez ‘estilo conservador’: pantalón vaquero, camisa blanca metida por dentro y zapatos entiendo náuticos, que paseaban (literalmente) en medio del caos como el que cruza sin querer por el medio de un botellón.

Desde casa era un retrato abismal de los tiempos en los que parece que, en realidad, nada es demasiado grave. La actitud de curiosos, activistas e incluso (deduzco) que enemigos del movimiento independentista era similar: observar con curiosidad un estado de las cosas que es, nada más y nada menos, la protesta por una sentencia que para algunos supone la lapidación de la libertad de un pueblo. No voy a entrar a valorar esto último porque de sentimientos no se acaban las columnas pero es cierto que ni en los extremos más graves la sociedad está ya a la altura de una circunstancia, ya sea para combatirla o para alimentarla.

Las crisis territoriales e identitarias ofrecen actitudes de una masa que parece pelear más por imponer su imagen que una ideología que les ampare: ahí tienen el ejemplo de la izquierda radical y separatista catalana siendo instrumentalizada por la derecha liberal secesionista al punto de acabar luchando por ellos. Y así con todo: los antivacunas que crecen en una sociedad con altos niveles de salud pública; la soporífera proliferación de veganos desideologizados tras haberse criado en un contexto de sobrealimentación y dieta cárnica... En definitiva, como explica Daniel Bernabé en ‘La trampa de la diversidad’: que somos muchos mundos encantados de haberse conocido en un mundo cómodo y estafador que es, en realidad, quien se refuerza con estas ego-luchas.

 

@juanmaefe

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