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Opinión

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Tormenta perfecta

Por
  • Eva Pérez Sorribes
ACTUALIZADA 15/10/2019 A LAS 02:00
Protesta contra la sentencia del Supremo en los accesos al aeropuerto de Barcelona.
Protesta contra la sentencia del Supremo en los accesos al aeropuerto de Barcelona.
Toni Albir / Efe

Languidecía el ‘procés’ en su largo funeral y se tropezó ayer con la sentencia del Supremo. No ha habido mejor revital en este oscuro cortejo que el enemigo común con mártires de la causa. Al relato de la quimérica independencia ya no le faltan personajes. Pero justo ahora ya no los necesita. Las protestas contra el fallo ni tienen cabeza ni organización que las cobije, y ni falta que les hace. La desobediencia civil se gesta en el teléfono móvil, vía Whatsapp y Telegram, se alienta en las redes, vía Instagram, Facebook y Twitter, y se practica en la calle sin que medie mucho más que la tecnología digital y la efervescencia popular. Lo líquido se vuelve gaseoso y por tanto ingobernable. Signo de los tiempos. Lo contó Zygmunt Bauman, que acuñó el adjetivo, y lo explicó Byung-Chul Han en su ‘Enjambre digital’. Y está pasando ahora. El enredo es monumental y solo responde a estímulos tan cortos como intensos. "No hay alternativa a la moderación", resumió ayer el procesado Santi Vila, que se libra de la cárcel precisamente por practicarla. 

Y mientras tanto, avanzamos -con prisa y sin pausa- hacia un nuevo paisaje, el de la desaceleración económica que no ampara sino lo contrario. Crecimientos que no crecen tanto y que asoman la patita en las filas del paro y en la industria que tira(ba) del carro. En Francia fueron los chalecos amarillos, y en Cataluña, los CDR comparten color. Nos adentramos en la tormenta perfecta. Sabemos cómo se gesta, pero, todavía no, cómo se sale. 

Eva Pérez Sorribes es directora de Contenidos de la Cadena Ser Aragón

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