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Opinión

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Barcelona y su caballo de madera

ACTUALIZADA 01/10/2019 A LAS 02:00
Cuando Jorge Herralde fundó Anagrama, Barcelona era la capital cultural de España.
Cuando Jorge Herralde fundó Anagrama, Barcelona era la capital cultural de España.
Enric Fontcuberta / Efe

Estos días se cumple el 50 aniversario de la editorial Anagrama y su artífice, Jorge Herralde, ha hecho balance. Todo comenzó hace medio siglo cuando Barcelona era el referente cultural de España. Allí vivían García Márquez y Vargas Llosa, Marsé y Vázquez Montalbán, Gil de Biedma y Terenci Moix, Eugenio Trías y buena parte de los Novísimos de Castellet, con un joven Pere Gimferrer a la cabeza. Asegura el editor que "Barcelona fue la capital cultural de España". 

Cinco décadas después de que naciera Anagrama, Barcelona proyecta hoy una imagen de ciudad enfrentada, atenazada por comisarios políticos independentistas, convulsionada por la manipulación informativa y, además, sacudida por noticias internas sobre la falta de seguridad en las calles. Sigue siendo una urbe en la que viven grandes escritores (como el aragonés Ignacio Martínez de Pisón), pero sometida a un asfixiante desgarramiento institucional y cultural. 

Resulta difícil de entender que Barcelona haya pasado de ser la "capital cultural de España", la olímpica del 92, a ser vista desde el exterior como una urbe en la que se deshilacha la convivencia. Y es difícil de comprender porque se trata de un daño autoinfligido. Como los troyanos que aceptaron el caballo de madera que acabó destruyendo la ciudad, los catalanes se están autolesionando al aceptar políticas y políticos contrarios a sus propios intereses.

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