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Opinión

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Todas las Cortes de Aragón

ACTUALIZADA 15/09/2019 A LAS 02:00
Uno de los documentos que forman parte del archivo de la Corona de Aragón
Uno de los documentos que forman parte del Archivo de la Corona de Aragón

Cuándo quedó prohibida la tortura en Aragón? ¿Cuándo se declaró ilegal pretender la separación de Aragón, Valencia y Cataluña? ¿Cuándo nació la Diputación General? ¿Y el Justiciazgo?

Las respuestas están en los documentos de las antiguas Cortes de Aragón. No nacieron maduras. En el siglo XIII, adquieren ya ciertos rasgos que se harían permanentes. Un tiempo atrás, existían reuniones episódicas de personas que asistían al rey y formaban parte de su curia. Tal es su embrión lejano. Con el tiempo, esa curia regia se hace compleja, institucionalizada, reglada y pública. Acaba convertida en el mecanismo principal de interacción entre el rey y el reino. En ella se canalizan las tensiones y las cooperaciones entre el monarca (no se olvide: lo es por derecho divino) y la parte de la población privilegiada por el derecho medieval: la Iglesia, los grandes aristócratas titulados –que poseen ‘estados’ propios–, la nobleza de menor rango que son los infanzones y caballeros –en Aragón, caso insólito, separada en un estamento diferenciado del anterior– y, en fin, los representantes de los concejos que hoy se denominarían autónomos, es decir, villas y ciudades que no dependen de un señor que no sea el rey, bajo cuya jurisdicción directa están.

Durante siglos, estas reuniones complicadas y que, en ocasiones, se suspendían y reanudaban tras largos intervalos de interrupción, produjeron fueros (leyes), acuerdos y compromisos de muy variado género. Solo podían reunirse convocadas por el rey y bajo su presidencia. Eran un germen de participación institucional general y una cierta y limitada expresión de soberanía compartida.

De esta clase de instituciones acabaron naciendo los parlamentos de la Edad Contemporánea, pero, aunque nosotros usemos las mismas palabras para designar a las entidades pasadas que a las actuales, la mutación cualitativa se produce en el seno de procesos revolucionarios contra el poder absoluto del rey.

Si bien hay coincidencia de nombres, el parecido no debe entenderse como identidad. Cortes de Aragón puede, por eso, ser nombre engañoso, y ha de usarse hoy con voluntad evocadora, no identificadora. Otro tanto ocurre con la institución del Justicia de Aragón, que poco tiene que ver con su homónimo de la Edad Media, puesto que este constituía un tribunal capaz de sentenciar.

Todas las Cortes

Las Cortes medievales de Aragón han tenido en todo tiempo buenos estudiosos, sobre todo en la Universidad de Zaragoza. Produjeron muchos documentos que atestiguan su actividad. Por eso sorprende que no haya una edición total en condiciones de esa vasta producción de testimonios.

El ideal para el investigador y el estudioso es disponer del acceso a los textos originales –lo que ya es posible, si no in situ, mediante reproducciones digitalizadas de calidad– y, además, del texto transcrito. Pero transcrito por alguien que sepa, primero, leer la escritura usada siglos atrás y comprender sus lenguas. Una gran cantidad de estos documentos está en latín, pro no en el de Cicerón y César, sino en un latín modificado y lleno de voces y expresiones que aluden a las realidades medievales, inexistentes en tiempos de Roma. Otros están en romance. Tener impresa una buena transcripción en tipografía inteligible es un opíparo regalo que ahorra tiempo y esfuerzos a los estudiosos.

Esta tarea ha sido el objetivo que se propuso José Ángel Sesma, al frente de un laborioso grupo universitario de investigadores. Secundado por Carlos Laliena en la dirección, la labor produjo su primer fruto impreso en 2006. Ya en aquel volumen –uno de los varios sobre el largo y agitado reinado de Pedro IV– surgieron interesantes problemas: los documentos de Barcelona –el archivo del rey– no decían lo mismo que los de Zaragoza –el archivo del reino–, pues Don Pedro arrimaba el agua a su molino. Detectar y dirimir estos asuntos y encuadrarlos en su tiempo es una de las muchas utilidades de este trabajo a largo plazo.

Con el nombre de ‘Acta Curiarum Regni Aragonum’ (Actas de las Cortes del Reino de Aragón) el plan editor consta de dieciséis gruesos tomos. Acaba de aparecer, con 425 páginas, uno de los cuatro con las actas del reinado de Fernando el Católico, a cargo de Sesma, Cristina Monterde y Blanca Ferrer. Ya solo faltan dos.

Hasta ahora, los tomos (sobrios e indizados) han sido pagados por el Gobierno de Aragón (Marcelino Iglesias los acogió bien, con ayudas ocasionales de Ibercaja, el Justicia y la Unión Europea). Está listo el primero de la serie, con los documentos de cinco reinados (de Jaime I a Alfonso IV). y quedan pendientes otros dos, ya comenzados.

Los vaivenes de la política no deben dejar inconclusa esta labor tan plausible, que vale mucho más que lo poco (muy poco) que cuesta en euros su edición. Es un útil precioso contra el pancatalanismo separatista más necio y ensimismado. La colección de documentos medievales más importante de Aragón muestra el corazón mismo de la historia del reino.

Los documentos de las antiguas Cortes de Aragón, en curso de edición completa, son el corazón de la historia del reino.

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