Opinión

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Absurdo textual

ACTUALIZADA 09/09/2019 A LAS 02:00
Más del 20% de las familias aragonesas adquieren los libros de texto de segunda mano.
Libros de texto.

Ya no se estudia apenas en las aulas el teatro del absurdo. De cualquier modo, si algún alumno aventajado oye hablar de este movimiento literario de los años cincuenta y siente deseos de conocerlo, siempre le queda el recurso de hacer una traslación al actual debate educativo: el teatro de Ionesco y Beckett es al absurdo lo mismo que el lío con los libros de texto es hoy al surrealismo.

Se multiplican los ejemplos hilarantes de las manías que algunas Comunidades quieren imprimir en negro sobre blanco. Así, la Junta andaluza rechazó un manual de matemáticas con la explicación de que no reflejaba «la cultura de Andalucía»; y exige que no se mencione, entre los instrumentos de música, el tambor sino el tambor rociero. Canarias, como no tiene ríos, ha querido que se suprima la frase: ‘Los ríos son grandes lugares de asentamiento y civilización’. La Comunidad Valenciana pretendía censurar un libro del aragonés Fernando Lázaro Carreter que sostenía que el valenciano era un dialecto del catalán. Y en Castilla-La Mancha solicitaron que se adaptase ‘a la realidad autonómica’ un libro de FP sobre las cajas de cambio de los vehículos.

La Federación de Gremios de Editores de España denuncia que en la Generalitat, donde no quieren ni oír hablar de los Reyes Católicos, están empeñados en utilizar en los libros de Historia el término ‘Corona Catalanoaragonesa’, aunque todos los documentos históricos hablan de ‘Corona de Aragón’. Y Cataluña también pide que se estudien las andanzas de Wifredo El Piloso, no el Velloso

Bien visto, no es tan surrealista que las autonomías intenten colar a los editores sus caprichos en los libros de texto. Lo realmente absurdo es que los sucesivos Gobiernos lo permitan.

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