Opinión

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Sin escuelas, sin futuro

Por
  • HERALDO DE ARAGÓN
ACTUALIZADA 08/09/2019 A LAS 02:00
Imagen de archivo de una escuela rural
Imagen de archivo de una escuela rural
H.A.

El cáncer de la despoblación, que afecta de una manera especialmente virulenta en Aragón, se manifiesta en la falta de servicios y en su paulatina desaparición. El problema se revela de forma lacerante en la Educación, el motor del futuro y del desarrollo.

Los datos que arroja la Comunidad son más que preocupantes. Solo 391 de los 731 municipios aragonesas disponen de, al menos, una escuela. Además, 212 pueblos no superan los 100 habitantes y en 66 municipios no hay ni un solo habitante menor de 15 años. La continua pérdida de pobladores ha obligado al Gobierno de Aragón en los últimos años a un esfuerzo suplementario para intentar mantener activos el mayor número de centros posibles. El curso, que comienza la próxima semana, abrirá con un total de 41 escuelas rurales en Aragón con menos de siete alumnos en un intento tan loable como desesperado por contribuir a la vertebración de estas localidades que, en algunos casos y si no se remedia con urgencia, están llamadas a la desaparición. El problema, acaso el más grave que afronta la Comunidad, debe abordarse de una manera rápida y tiene que ser asumido por las administraciones con determinación y medios económicos.

El angustioso llamamiento que ha realizado esta misma semana Teruel Existe, que clama por un pacto de Estado que sirva como base para intentar revertir una situación trágica, debería obligar a los partidos nacionales a reflexionar sobre el daño que puede infligirse a la España vacía si se mantiene una estrategia de bloqueo político permanente. Las plataformas regionales que luchan contra la despoblación ya no descartan constitutir una formación política para tener representación propia, lo que evidencia hasta qué punto las 23 provincias más afectadas de España -entre ellas las tres aragonesas- se sienten abandonadas por los poderes públicos. En ese contexto, parece seguro que las localidades más despobladas seguirán resistiendo a su anunciada desaparición, con la escuela como uno de sus últimos estandartes de esperanza.

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