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Opinión

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España e Italia, dos gemelas

ACTUALIZADA 31/08/2019 A LAS 02:00
Rome (Italy), 20/08/2019.- PD (Democratic Party) Senators display signs of protest against Deputy Prime Minister and Interior Minister Matteo Salvini during the debate at the Senate over the government crisis in Rome, Italy, 20 August 2019. Deputy Premier and Interior Minister Matteo Salvini and his party League pulled out from government and caused a political crisis a week ago. Italian Prime Minister Conte said that the government has come to an end and that he would resign. (Protestas, Italia, Roma) EFE/EPA/ETTORE FERRARI Italian Premier Giuseppe Conte addresses the Senate
Italia y España se parecen en la falta de fundamento de sus políticos actuales.
Ettore Ferrari / Efe

En el tren de Civitavecchia a la frontera francesa, el vecino de compartimento se interesó por la nacionalidad de mi mujer. «Soy española», le respondió. El júbilo de nuestro compañero de viaje italiano se manifestó en la expresión: "Oh, la stessa cultura, religione e lo stesso mare: Il Mare Nostrum". Y añadió: "Sin embargo algunos italianos consideramos a los españoles como los germanos de los pueblos latinos por su seriedad y responsabilidad: ‘alemanes’ dotados además de una gran alegría y bondad". Recordando ahora esa breve conversación pienso en cómo han cambiado los tiempos si se comparan hoy las instituciones y a los políticos de ambos países. La mediocridad y la vulgaridad se han impuesto tanto en Italia como en España.

Estamos en España con un gobierno en funciones por la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos en aras del bien común. En Italia está sucediendo algo parecido tras la dimisión del profesor Giuseppe Conte como primer ministro, tras una moción de censura promovida por su vice primer ministro Matteo Salvini. ¿Dónde se ha visto que no sea la oposición sino un miembro del propio gobierno quien censure al presidente del Consejo? Aunque de acuerdo con la constitución italiana el jefe de gobierno sea un ‘primus inter pares’, pues solo el presidente de la República (Sergio Mattarella en este caso) tiene la potestad de nombrar y destituir a los ministros?

En España, si las negociaciones no desembocan en acuerdos, coaliciones o soluciones políticas de consenso, estamos abocados a nuevas elecciones, a pesar de lo que manifestaron los ciudadanos tras las últimas consultas. En Italia, hay voces que preferirían un segundo periodo gubernativo de Conte, pero enseguida comenzaron las riñas de gallos entre Zingaretti, Renzi y Gentillone, dentro del Partido Democrático o PD (socialistas), y con el Movimiento Cinco Estrellas (populistas) de Luigi Di Maio, los Fratelli d’Italia (derecha) de la señora Meloni o Forza Nuova de Berlusconi (centro derecha). Sin olvidar al más combativo y voceras de todos, Salvini y su Liga. Unos quieren abolir el decreto de seguridad del actual ministro del Interior, que tanto mal ha hecho al país, implantar una maniobra económica sólida concertada con la UE y, sobre todo, no reducir el número de diputados. Y también hay quienes no quieren un segundo mandato de Conte, aunque parece que, al final, la solución -en Italia, siempre provisional- será una alianza entre el Cinco Estrellas y el Partido Democrático, que hasta ahora habían sido enemigos irreconciliables. Ya veremos lo que dura. Pero, en definitiva, asistimos a una nueva lucha por el poder más que por la patria.

Es lo mismo que en España cuando se habla mucho de cara a la galería y solo piensan en sus prebendas. Nadie se atreve a reducir el número de parlamentarios, a abolir las diputaciones, a reinventar el Senado, etc. Lo más importante empero es aumentar los salarios en cuanto hay cambio de color de los gestores en comunidades, ayuntamientos o parlamento: no hay dinero para las pensiones ni para los trabajadores, pero sí para los políticos.

En Italia y en España la política se corta por el mismo patrón: políticos mediocres que bucean en litigios dialécticos considerando el país como un huerto de sus partidos. Y el país sigue su marcha. Así, Salvini gozaba del verano en las playas fotografiándose con jovencitas mientras ocurría el drama de los inmigrantes del ‘Open Arms’; y nuestro exhibicionista Pedro Sánchez andaba por Doñana en esas mismas fechas, para codearse luego con los líderes del G7, aunque nadie le prestase atención, marginando los graves problemas de su país semiacéfalo. 

Tanto en Italia como en España tenemos dos izquierdas: PSOE y Unidas Podemos, aquí, y Partido Democrático y Movimiento Cinco Estrellas, allí. Siempre frente a frente. Son muchos los paralelismos de estos políticos con minúsculas, demagogos y populistas. Da pena comparar a Salvini, Di Maio o Berlusconi, los políticos italianos de hoy en día, con hombres de la talla de Aldo Moro, Andreotti o Berlinguer. Y lo mismo pasa con Sánchez, Iglesias, Casado o Rivera comparados con Suárez, González, Guerra, Aznar o Rajoy. Hoy falta dignidad y sobran insultos entre personas que tienen responsabilidades y son representantes del pueblo.

Por eso no sorprende la anarquía siempre presente por la Europa mediterránea. Como decía Umberto Eco, en este generalizado desorden "el asno toca la lira y los buenos bailan; María no quiere la vida contemplativa y Marta desprecia la vida activa; Lea es estéril y Catón frecuenta las casas de lenocinio". Para una política al servicio del bien común deben ser conjugadas libertad y responsabilidad.

José Luis Martín Cárdaba es periodista y diplomático

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