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Opinión

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¿De verdad son los osos el problema?

Por
  • Guillermo Palomero
ACTUALIZADA 28/08/2019 A LAS 17:35
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Un momento de la manifestación del pasado 22 de agosto en Aínsa.
Pablo Segura

La osa Sarousse fue liberada en los Pirineos franceses en 2006 y desde entonces su presencia ha sido continua en la Ribagorza aragonesa. Nunca ha merecido una manifestación a lo largo de estos trece años. Sin embargo, la llegada de Goiat a Aragón desde Cataluña ha abierto la caja de los truenos, y ha hecho que todos los osos se metan en el mismo saco sin distinción. El comportamiento de Sarousse ya indica que la convivencia con los osos en general no es el problema. En este tiempo, aun con ataques puntuales a la ganadería, la osa no ha generado una conflictividad social, ni una oposición como la que estamos viendo ahora, cuyo máximo exponente ha sido la manifestación en Aínsa del pasado 22 de agosto.

Tampoco antes ningún consejero de la administración aragonesa responsable de la recuperación del oso pardo había despreciado de una forma tan desacertada sus obligaciones ante las instituciones autonómicas, nacionales y europeas. Por mucho que el Sr. Olona lo niegue, el Gobierno de Aragón siempre ha apoyado desde sus inicios la reintroducción de la especie para su recuperación, y así se refleja en la documentación de los sucesivos proyectos. No se comprende, y resulta inadmisible que atice un fuego que ni siquiera debería existir.

Culpar al oso de los males del medio rural no resiste ningún análisis. La fuerte competencia de los mercados, la falta de desarrollo y oportunidades, y en muchas ocasiones también la escasez de infraestructuras y servicios, son los verdaderos problemas. Y este es un diagnóstico ya bien conocido, que nada tiene que ver con el oso , como demuestra que se produzcan el mismo abandono del campo y los mismos males que aquejan a la ganadería extensiva en los lugares en donde este no existe.

Por eso sorprende que la manifestación organizada por los sindicatos agrarios UAGA, Asaja, UPA y Araga ponga el foco en el sitio equivocado. ¿El ‘No al oso ’ es, en serio, la propuesta que va a solucionar los problemas reales del medio rural?

En la Fundación Oso Pardo (FOP) siempre hemos sido y seremos respetuosos con el sentir del medio rural. Somos conscientes de su desasosiego ante el futuro y la desazón que produce asistir impotente al vaciamiento de los pueblos. En este escenario, sabemos que el regreso de la especie necesita mucha información, mucha transparencia y mucho diálogo con los habitantes del territorio para mostrar la realidad; que el oso es un beneficio ambiental para toda la sociedad y una oportunidad de desarrollo para la zona. Pero en ese proceso es fundamental el apoyo de las instituciones. Si la reeducación de Goiat no funciona, abórdese su caso particular, pero no hagamos pagar a todos los osos por el comportamiento de un solo ejemplar.

Reiteramos una vez más las evidencias de que la coexistencia es perfectamente posible: en el Parque Natural de Somiedo, en la Cordillera Cantábrica, 8.000 vacas de carne conviven perfectamente con cerca de 40 osos en un área de 28.000 hectáreas, y además, el oso es motor de un creciente sector turístico. Dentro de los Pirineos, los datos también avalan la coexistencia en la comarca catalana del Pallars Sobirá, donde la FOP ha trabajado en la prevención de daños dentro del proyecto Piros Life, demostrando que esos daños pueden reducirse a niveles simbólicos.

Durante la manifestación en Aínsa se ha escuchado a alguno de los líderes sindicales acusar a Bruselas de decidir la vida del medio rural desde un despacho. En primer lugar conviene recordar que la Unión Europea somos todos los ciudadanos europeos, y entre todos hemos decidido proteger los mejores valores naturales de nuestros países, entre ellos el oso . Y en segundo lugar, para hacerlo posible, la UE autoriza a los Estados miembros a que utilicen fondos europeos para sufragar en su totalidad los costes de prevención y compensación de daños que la especie pueda generar. Son las comunidades autónomas las que deben ser diligentes a la hora de solicitarlos y gestionarlos.

Por tanto, si los problemas del medio rural son claramente otros, si los osos van a seguir estando y cada vez habrá más porque es una especie protegida, si las evidencias y los ejemplos de convivencia están ahí, si hay disponibilidad económica y apoyo de la UE para abordar la prevención y compensación de daños, y si además el oso puede convertirse en un buen activo, ¿a qué esperamos para sentarnos todos de una vez y empezar a avanzar?

Guillermo Palomero es presidente de la Fundación Oso Pardo

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