Opinión

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Argelia: esperando el gran día

Por
  • Fernando Andú
ACTUALIZADA 23/08/2019 A LAS 02:00
Algiers (Algeria), 20/07/2019.- Algerian soccer fans cheer while the Algerian national soccer team players take part in an open-top bus parade in the strreets of Algiers , following their victory in the 2019 Africa Cup of Nations (CAN) in Algiers, ALgeria, 20 July 2019. Algeria celebrates their second Cup of Nations win. (Abierto, Argel) EFE/EPA/MOHAMED MESSARA Algeria celebrated their second Cup of Nations win
Aficionados argelinos celebran el triunfo de su selección en la Copa de África de fútbol.
Mohamed Messara / Efe

Como todos los viernes desde hace cinco meses, el 19 de julio miles de argelinos se daban cita en el centro de la capital norteafricana para reclamar la democratización del país, regido ahora con mano férrea por el general Ahmed Gaïd Salah y su adlátere, el presidente interino Abdelkader Bensalah, tras la caída del gobierno de Nuredine Bedoui, último de la era Buteflika. Esta vez la multitudinaria manifestación político-social de rechazo al régimen continuista de la cúpula militar argelina coincidía con la celebración de la final de la Copa de África de Naciones (CAN), en la que el combinado nacional de Argelia se enfrentaba a Senegal en busca de su segundo título continental a lo largo de la historia.

La victoria de los ‘Zorros del Desierto’ por un gol a cero tras un disputado encuentro se festejó en el territorio argelino con un alborozo solo comparable al que se adueñó de las calles y las plazas de sus principales ciudades cuando la dimisión del anterior jefe de Estado, el anciano Abdelaziz Buteflika, el pasado 2 de abril. Y en el norte de África, en países hermanos como Túnez, Libia y Egipto, fue celebrada como un triunfo propio, tal vez gracias a cierto sentimiento comunitario sustentado, más que en razón de la identidad religiosa, en el reconocimiento más o menos general de que lo mejor de las alegrías -y el único consuelo para las penas- es compartirlas. 

En verdad, el ‘panem et circenses’ de Juvenal es argumento recurrente utilizado por quienes juzgan incompatibles la conciencia cívica y la pasión por el fútbol. Lo que no se compadece, desde luego, con el ejemplo de un amplio sector de la hinchada argelina que, haciéndose eco de las demandas de la sociedad civil, a despecho de la fuerte presencia policial, coreó en el estadio Cinco de Julio de Argel las consignas del Hirak, el movimiento de contestación popular, mientras asistía a la retransmisión de la final de la CAN a través de una pantalla gigante. Y es que, guste más o guste menos, prácticamente en la totalidad del Tercer Mundo el deporte y, más en concreto, el fútbol es el único acicate que le queda al pueblo llano para enfrentar con alegría e ilusión la vida cotidiana; y los estadios, uno de los pocos espacios en los que le es posible expresar semana tras semana las penas que le generan la injusticia, la desigualdad, la corrupción y el atraso a que parece secularmente condenado por sus gobernantes.

Cuestión bien distinta es que, en el mundo araboislámico actual, el fútbol haya sido instrumentalizado por quienes detentan el poder en función de otros intereses. Y, así, no parece descabellado afirmar que el dinero que construye mezquitas e inocula ideología integrista en el Occidente islámico compra o patrocina importantes equipos de fútbol en Europa, legitimando a los ojos de la gente regímenes políticos de más que dudosa contextura democrática dirigidos por todopoderosos clanes que persiguen un doble objetivo: promocionarse de cara al exterior y adquirir prestigio entre los suyos, respondiendo a la superioridad política de Occidente mediante la mostración directa e indirecta de su dependencia energético-económica. 

 

Ajeno a esta cuestión, después de un 2 de abril y de un 19 de julio realmente memorables, el pueblo argelino sigue manifestándose cada viernes a la espera del gran día en que pueda acudir libremente a las urnas y celebrar unas elecciones democráticas, sin fraudes ni presiones por parte de los poderes fácticos -la ‘issaba’ que denuncia el Hirak- que desde Ben Bella a esta parte gobiernan el país desde la sombra.

Fernando Andú es arabista y poeta

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