Opinión

La odisea del 'Open Arms'

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  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 19/08/2019 A LAS 17:09
Spanish migrant rescue ship Open Arms lies anchored close to the Italian shore in Lampedusa, Italy August 17, 2019. REUTERS/Guglielmo Mangiapane [[[REUTERS VOCENTO]]] EUROPE-MIGRANTS/
El 'Open Arms', junto a la isla de Lampedusa.
Guglielmo Mangiapane / Reuters

El desenlace más humano, rápido y lógico para la lamentable situación que viven, desde hace dieciocho días los 107 inmigrantes que permanecen a bordo del ‘Open Arms’ es que el Gobierno italiano permita su inmediato desembarco en Lampedusa. La actitud del ministro Salvini es inaceptable, pero la odisea del ‘Open Arms’ muestra que Europa sigue siendo incapaz de afrontar de manera ordenada, humanitaria y digna los problemas derivados de la inmigración.

Existiendo un acuerdo para la distribución de los inmigrante entre otros seis países y habiendo una resolución judicial favorable al desembarco, el Gobierno italiano no tiene razones que justifiquen la negativa. Después de dieciocho días en el mar en condiciones precarias, no hay duda de que la situación anímica a bordo del barco tiene que ser delicada y puede volverse incontrolable. Dirigirse al puerto de Algeciras, ofrecido por el Gobierno español, alargaría la penosa travesía entre cuatro y seis días más de manera innecesaria. Es posible que Matteo Salvini consiga rentabilizar electoralmente su cerrazón, pero sus palabras y sus actitudes durante estos días lo cualifican como un peligroso demagogo. Si existen dudas sobre la legalidad de las actuaciones de este y otros barcos privados en la salida de inmigrantes de las costas del norte de África, las autoridades deben investigar y, en su caso, tomar las medidas necesarias ante los tribunales, incluyendo quizá la retención de las naves. Pero desde el momento en el que el ‘Open Arms’ recogió a los inmigrantes estaba claro que la única salida posible era su llegada a un puerto europeo, de manera que los gobiernos deberían haber actuado con prontitud ahorrando sufrimiento y evitando un espectáculo bochornoso. Tanto la Unión Europea como los países miembros tienen la obligación de controlar la inmigración ilegal; pero deben hacerlo con dignidad, respetando el derecho humanitario y de manera previsible y ordenada.

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