Opinión

Gentileza

ACTUALIZADA 17/08/2019 A LAS 02:00
People look out onto the Canary Wharf financial district as they stand at a viewing area in Greenwich Park in London, Britain August 11, 2019. REUTERS/Simon Dawson [[[REUTERS VOCENTO]]] BRITAIN-BUSINESS/
Turistas en Londres, con el nuevo distrito financiero de Canary Wharf al fondo.
Simon Dawson / Reuters

Llevo dos semanas en Londres y cuando piso la calzada aún no sé por dónde embestirán los morlacos, ni si, en calidad de peatón, he de ir por la derecha o por la izquierda, dato vital para la disciplinada mentalidad de un español. También sigo ignorando la prioridad en los abundantes pasos sin semáforo, así que no puedo darme el desahogo, muy español, también, de abroncar e insultar a quien transgrede, aunque sea musitando.

Sin embargo, la vía pública londinense me está resultando muy confortable, al igual que la vida británica en su conjunto, sobre todo desde que me calcé unos genuinos zapatos ingleses, pagados con las libras del ‘brexit’, las más baratas de la historia. El calzado de Northampton y el automóvil Rolls Royce expresan inmejorablemente la excelencia fabril británica. El primero, al estar al alcance de la clase trabajadora, sirve de gozne entre lo popular y lo aristocrático, lo cual tiene gran importancia en una sociedad profundamente clasista. El zapato inglés une al país y el Rolls simboliza el poder.

En todo caso, más allá de los zapatos, la música pop, la literatura sarcástica y otras cosas que me gustan de estas gentes, lo que más admiro es su ‘vive y deja vivir’ y, sobre todo, su proverbial gentileza. En general, más por disciplina que por amabilidad congénita, si aprecian buena fe, te disculpan y, estando en su mano, te ayudan. Por eso frenan en seco, sin darle más importancia, cuando cruzo mal la calle. Si es hipocresía, está tan bien ejecutada que logra que uno nunca se sienta abroncado ni insultado. Aunque se visite el Museo Británico con unas chancletas de plástico.

jusoz@unizar.es

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