Opinión

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De la centralidad, a la barbaridad

ACTUALIZADA 11/08/2019 A LAS 02:00
María Chivite
María Chivite
Efe

Aquí y allá, lo mismo da para un partido que para otro, igual en Valencia, Murcia, Aragón o Navarra. Cuando nuestros políticos se agarran a una palabra no la sueltan, se adhieren con la misma fuerza que al salario público, un efecto imán sorprendente. En esta legislatura a las cabriolas de los pactos les bautizan como transversalidad y centralidad. Quizá sirva para el juego de las redes sociales, pero el personal que peina canas se encoge de hombros en la canícula. El problema reside cuando al tocino le llaman jamón, y eso ya no puede ser porque resulta imposible. Llegó el ministro Ábalos a Navarra y afirmó que el nuevo ejecutivo presidido por la socialista María Chivite era el de la «centralidad». Sin inmutarse, sin querer queriendo, borró de un plumazo la verdadera centralidad de una Comunidad que ha defendido siempre su identidad y singularidad para iniciar una aventura con quienes quieren la anexión de Navarra al País Vasco y bajo la atenta mirada de los amigos de los etarras, que van a decidir desde los presupuestos hasta cuándo quieren a Chivite en el gobierno. Y a eso lo llama Ábalos la ‘centralidad’. Una verdadera lástima que entre tanto concepto y tanta altura de miras, el Gobierno de la nación también haya perdido de vista con asombro la verdadera esencia de su acción: la seriedad.

Las palabras no ocultan la realidad: el nuevo Gobierno de Navarra es una amenaza
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