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Opinión

El Gobierno echa a andar

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 08/08/2019 A LAS 02:00
Acto de toma de posesión del nuevo Gobierno aragonés.
Acto de toma de posesión del nuevo Gobierno aragonés.
José Miguel Marco

La diversidad ideológica que lo compone ha sido el aspecto más llamativo de la formación del nuevo Gobierno aragonés, pero a partir de ahora la política de partido debería pasar a un segundo plano para empezar a trabajar con un objetivo común: mejorar la vida de los ciudadanos y poner las bases para una Comunidad más próspera y mejor integrada socialmente. No será una tarea fácil y necesitará el concurso tanto del Gobierno como de la oposición.

Dar coherencia a las acciones de un gobierno de coalición siempre resulta complicado, y requiere buenas dosis de generosidad por parte de las fuerzas políticas que lo integran. Todavía más, en un Gobierno como el que ayer echó a andar en Aragón, que incluye organizaciones y visiones ideológicas muy diversas. Es difícil, pero no resultará imposible si los integrantes del nuevo Gabinete de Javier Lambán se marcan como norte el servicio a la sociedad aragonesa, y no el cultivo de estrategias personales o de partido. Si los consejeros y los partidos que componen el Ejecutivo buscan cada uno su propio interés político, si cultivan la política-espectáculo o las medidas sectarias, la empresa puede naufragar fácilmente. Pero si trabajan en pro del interés general y se esfuerzan por conectar con el sentir de la mayoría de los aragoneses y, sobre todo, si solucionan problemas y ponen fundamentos para el futuro, entonces estarán en el buen camino.

 No debe el Gobierno perder de vista, además, que muchos de los retos esenciales a los que Aragón tiene que hacer frente se miden mucho más allá de un horizonte de cuatro años y no tienen un color político definido. Eso obliga a abrirse a colaborar con la oposición, que tiene también que participar en la definición de determinadas políticas que son ‘de Comunidad’. La diversidad política e ideológica, resultado del voto de los aragoneses, puede ser un valor si los dirigentes aciertan a conjugarla con espíritu constructivo, lealtad y capacidad de entendimiento.

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