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Opinión

Distintas esencias

ACTUALIZADA 28/07/2019 A LAS 00:00
Lambán, Escartín y Sada, durante el arranque de la X legislatura de las Cortes
Lambán, Escartín y Sada, durante el arranque de la X legislatura de las Cortes
José Miguel Marco

La confirmación de que Podemos formará parte del Ejecutivo regional, aparte de

cerrar la mayoría que Lambán necesita para repetir como presidente, inaugura una inédita convivencia con el PAR que añade una carga de contradicción al Gobierno. 

A Javier Lambán hay que reconocerle su capacidad para la alquimia, una arriesgada destreza para los experimentos guiada por el empleo de mezclas poco probables de casar y que ha terminado por ofrecer un resultado incierto en forma de gran pacto de gobierno en un único almirez. El PSOE hará convivir al PAR con Podemos-Equo gracias a un encorsetado entramado de líneas tan rojas como supuestamente infranqueables que convierte al futuro Ejecutivo en un campo labrado pero repleto de minas olvidadas. No queda claro a quién incomoda más la presencia del contrario, pero el PAR y Podemos inauguran una nueva etapa de cohabitación donde el triple mortal con tirabuzón protagonizado por Lambán convierte en un juego de niños a la geometría variable.

La mezcla ha sido posible gracias a los miedos de los implicados. Desestimado el acuerdo con Ciudadanos, Lambán sabía que ninguno de sus futuros socios de Gobierno estaba en disposición de acudir a una repetición electoral. Las autonómicas ofrecieron un resultado tan frágil que la posibilidad de que el PAR sufriera su último y definitivo resbalón taponaba toda opción de una nueva cita con las urnas. El fracaso del PAR hubiera significado la derrota del PSOE y la llegada del centro derecha. Sin ningún deseo por asumir riesgos innecesarios, el tiempo descubrió que Podemos, CHA e IU se encontraban en idéntica situación. Por ello, el pacto alcanzado, que a beneficio de Lambán solo le tiene a él mismo como único pegamento entre las partes, se hizo realidad por un simple proceso de maduración.

Queda ahora por descubrir si este Ejecutivo plagado de siglas resistirá cuatro años de legislatura en un mismo tarro repleto de esencias bien distintas y si los afectados tendrán capacidad para aislarse de las muchas tensiones que las bases del PAR y Podemos protagonizarán cuando reclamen a sus líderes una cierta coherencia política. Porque,

¿cuál será la reacción del Gobierno cuando se conozca la sentencia del ‘procés’? ¿Qué opinión le merece al Ejecutivo la foto de Colón donde estuvo el PAR o el rifirrafe vivido esta semana en el Congreso de los Diputados entre Sánchez e Iglesias?

Este Podemos, el de Nacho Escartín y Maru Díaz, perfil este último que suena para hacerse cargo de una consejería sin una elevada carga ideológica como podría ser Universidad, cuenta con la ventaja de su naturaleza práctica, alejada de la etapa de tensión y abierta desconfianza que marcó Pablo Echenique. Escartín tenía claro, a pesar del fracaso de las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos a nivel nacional para la formación de Gobierno, que esta era su mejor y única oportunidad para garantizar su supervivencia política.

A tenor de las muchas contradicciones que se concitarán en el Consejo de Gobierno, Lambán ha tejido un alambicado acuerdo donde todo parece encontrarse atado sobre una base más técnica que ideológica y con Arturo Aliaga como propietario de un único botón rojo que pulsará siempre que la presión resulte insoportable. Resta por descubrir si de la alquimia se pasará a la química, puesto que en caso de no encontrar la afinidad personal se corre el riesgo de que los componentes reaccionen con una fuerza explosiva de graves consecuencias para el PSOE.

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