Opinión

El incendio de Alcubierre

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 25/07/2019 A LAS 00:00
El incendio de la sierra de Alcubierre, entre Leciñena y Perdiguera, ha quemado 1.200 hectáreas
El incendio de la sierra de Alcubierre, entre Leciñena y Perdiguera, ha quemado 1.200 hectáreas
Francisco Jimémez

El incendio que se desencadenó este martes por la tarde en la Sierra de Alcubierre está ya estabilizado y se espera que hoy quede controlado. Alentada por una intensa y prolongada ola de calor, la virulencia del fuego ha arrasado más de 1.200 hectáreas. Esta vez las llamas se originaron por a la avería de un ‘buggy’, pero el problema de los incendios tiene causas profundas ligadas al abandono del medio rural, que habrá que abordar para al menos mitigar la catástrofe ambiental de cada verano. 

Alrededor de 150 personas han trabajado para sofocar el fuego, que ha sido posible estabilizar en su flanco izquierdo con mayor facilidad, mientras que en el flanco derecho, donde se originó debido a la avería de un ‘buggy’, la situación ha sido más difícil de controlar por la gran cantidad de masa forestal que hay y el riesgo de que se produzca un rebrote de las llamas. Tras evaluar con calma todos los factores que han influido en este incendio y en otros que ya se han producido en Aragón y los que previsiblemente aún se generarán en esta campaña de verano, se impone valorar nuevas medidas para frenar la constante plaga del fuego.

Lo cierto es que el cambio climático, la acelerada despoblación del medio rural y la transformación socioeconómica de este gran espacio que ocupa buena parte de la Comunidad favorecen la acumulación de grandes cantidades de biomasa inflamable, un óptimo combustible para que un fuego, sea intencionado o fortuito, se convierta en un gran incendio. La prevención, que pasa por una gestión sostenida de los bosques, es la mejor herramienta para que Aragón y el resto del país y de la Península no se conviertan cada verano en un polvorín. La gestión inteligente del territorio y la creación de infraestructuras para que los bosques sean menos vulnerables son medidas inexcusables ante la amenaza de los incendios.

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