Opinión

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Jaca / Castalia

Por
  • Ignacio Peiró Martín
ACTUALIZADA 23/07/2019 A LAS 02:00
Vista aérea de Jaca.
Vista aérea de Jaca.
Laura Uranga

Durante los meses de julio y agosto, Jaca se convierte en el principal establecimiento universitario de Aragón. En 1927, el catedrático Domingo Miral, fundó los Cursos de Español para Extranjeros y, desde entonces, la capital pirenaica ocupa un lugar destacado entre las ciudades españolas con cursos de verano. La extensión de la Universidad de Zaragoza no solo ayudó a cambiar el espacio ciudadano jaqués, sino que se ha constituido como una tradición capaz de evolucionar y crecer con el paso del tiempo. Se trata de una tradición dinámica que descansa directamente en la reflexión sobre la diversidad de las investigaciones, la actualización de las técnicas, los métodos de conocimiento y la realidad de los valores comunes de la cultura. En todo caso, como sucedió con la Castalia de la novela de Hermann Hesse ‘El juego de los abalorios’, la cultura universitaria se enfrenta, por un lado, a procesos de erosión, pugnas disciplinares y dudas intelectuales. Y por otro, a los embates derivados de las competencias desleales. Por derecho propio, en este segundo grupo, se sitúa la personalidad grandilocuente de algunos profesores retirados, orgullosos e intrigantes que, olvidando el pasado de ejercicio despótico de sus cátedras (a la manera de ‘pequeños dictadores’), no dudan en utilizar plataformas pseudoacadémicas para lanzar vituperios hacia la universidad pública y en contra de sus antiguos colegas. En fin, mientras en los medios continúa el culebrón familiar del Supremo Dictador (ahora toca el pazo de Meirás), en homenaje a la memoria del gran escritor italiano desaparecido esta semana, sigo leyendo ‘Ora dimmi di te. Lettera a Matilda’, los deliciosos recuerdos autobiográficos de Andrea Camilleri. Nos enseña a saber envejecer.

Ignacio Peiró Martín es catedrático de Historia Contemporánea (Unizar)

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