Opinión

Cultura de cercanía

Por
  • Katia Fach Gómez
ACTUALIZADA 22/07/2019 A LAS 02:00
El Museo de las Matemáticas del Monasterio de Casbas.
El Museo de las Matemáticas del Monasterio de Casbas.
Pablo Segura

Al pasar por la puerta del Museo de Culturas y Artes del Mundo (MARKK), situado junto al campus de la Universidad de Hamburgo, veo publicitada una exposición temporal titulada ‘Sobre lobos y hombres’ (‘Von Wölfen & Menschen’). El misterio que desprende este título consigue azuzar mi curiosidad y me impulsa a adentrarme en la galería. Tal y como reza su catálogo, la exhibición aglutina representaciones muy diversas del lobo en diversos contextos científicos, históricos y culturales, a la par que reflexiona sobre su polémica relación con el ser humano. Como sucede en Aragón, los ataques que este mamífero protegido está llevando a cabo en Alemania generan inflamados debates entre ganaderos, asociaciones animalistas y administraciones públicas. Esta sea posiblemente una de las razones por la que el museo ha decidido mostrar su mirada trasversal sobre esta controvertida cuestión. 

 

Desde mi perspectiva de profana en la materia, ‘Sobre lobos y hombres’ aúna las virtudes de ser visualmente atractiva y de ser holgadamente diversa y tangible como para conseguir congregar un público variado en términos de edad, estrato socioeconómico e intereses culturales. La exhibición está comisariada por un grupo interdisciplinar de profesionales que, a pesar de que se intuye que no han contado con los medios propios de la primera división de la pirotecnia cultural, sí que han sabido jugar sus cartas de forma efectista. Es por ello que salgo de la muestra, ubicada en mi barrio hamburgués de adopción, pensando que la pericia divulgativa de sus organizadores es digna de alabanza.

Ello me hace recordar que en estos últimos meses he visitado varias exhibiciones en Zaragoza de las que también he salido con la misma placentera sensación. En nuestra ciudad y en nuestra región existen y subsisten un buen número de espacios culturales inasequibles al desaliento (Centro de Historias, la Lonja, el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, el IAACC Pablo Serrano, etc.). En ellos se ofrecen a la ciudadanía exposiciones honestas, que normalmente han de suplir con dedicación y destreza una escasez de recursos que amenaza con cronificarse. Igual que hoy en día valoramos la cocina de mercado frente a las multinacionales del ‘fast food’, también hemos de ensalzar las manifestaciones artísticas y culturales de cercanía como un vívido reflejo de la democratización de nuestra sociedad. No solo de televisión e internet vive el ser humano y la cultura es un servicio público que contribuye a forjar ciudadanos conscientes y críticos.

Es por ello que las victorias -en ocasiones pírricas- de esta cultura de cercanía aragonesa deberían celebrarse con entusiasmo. Alcemos nuestras copas por efemérides tan bienaventuradas como, entre otras, la remodelación del museo del vino del Monasterio de Piedra, la notoriedad alcanzada por el museo de las momias de Quinto o la reciente inauguración del museo de matemáticas del Monasterio de Casbas. Brindemos igualmente esperanzados por el futuro de la antigua Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza y por el buen discurrir de proyectos como el Museo de la Guerra Civil de Teruel o el Museo Manuel Pertegaz de Olba. Y, en ese mismo sentido, confiemos en que otros creadores aragoneses de renombre universal hallen por fin una morada cultural permanente, tan justa como necesaria, en nuestra Comunidad autónoma. 

El mapa de Aragón está engalanado por múltiples iniciativas culturales que cual luciérnagas brillan ante los ojos de cualquier espectador capaz de valorar la belleza de lo pequeño y de lo frágil. Si nos acercamos a ellas, aparte de explorar nuevas formas de aprendizaje, nos reencontraremos con nosotros mismos a través de experiencias elaboradas a escala humana. Al igual que la exposición hamburguesa tejida en torno al lobo y al hombre, estos espacios públicos y privados aragoneses nos regalan magia, disfrute y libertad. La cultura de cercanía es como el segundo oído al que alude la escritora norteamericana Grace Paley en la poética presentación de sus ‘Cuentos completos’. Es el oído del hogar, de lo cotidiano, de lo mundano. Es el segundo oído que, una vez descubierto y ejercitado, nos permite comprender los infinitos idiomas de la existencia humana.

Katia Fach Gómez es profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad de Zaragoza

Etiquetas